La misión de los cristianos

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez       Comenzamos octubre: el mes misionero en el año. ¿Me refiero a las “misiones” para las damos unas monedas porque hay que ayudar a aquellos que viven las situaciones de pobreza y mucha estrechez y, además, no conocen a Jesús? No. En absoluto. Me refiero a octubre que, sí, celebra el Domingo mundial de las Misiones “hacia fuera” (DOMUND), pero que es mucho más que recordar de manera ligera (light, decimos) el compromiso que todo cristiano tiene en el anuncio y vivencia del Evangelio, que lleva consigo un trabajo de justicia porque injusta es la situación de desequilibrio de nuestro mundo y los que somos hijos de la Iglesia, Pueblo de Dios, no podemos seguir apoyando esa situación de enquistamiento, de no salir hacia los demás, de no implicarse en la causa de Jesucristo. Pero del Domund hablaremos en otro momento de octubre.

Octubre es también el comienzo, el caminar de grupos y movimientos, de la comunidad parroquial, del trabajo arduo de la Iniciación Cristiana, de la catequesis infantil parroquial y de todo otro proceso catequético, de modo significativo el Catecumenado bautismal de adultos y niños en edad escolar, de acción directa con adolescentes y jóvenes en su formación cristiana. Tiempo de implicarse en Caritas, Manos Unidas, voluntarios de cara a las familias de refugiados o desplazado por no resistir más el horror de las guerras sin sentido. Tiempo para muchas cosas en el crecimiento de la fe católica, en Doctrina Social (¿ya están pensado en formar parte de algún grupo que estudie el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia?), en preparación teológica o catequética, en ayuda en tantos campos a matrimonios jóvenes que tienen el peligro de afrontar solos sus primeros años de esposos, o en otros temas de tipo social o político, para contribuir a que exista de verdad una sociedad civil en nuestro entorno, un poco asfixiado por la preponderancia de la sociedad política. Pero quiero apuntar a algo más.

Necesitamos voluntarios de la misericordia. No son fáciles de conseguir pues es preciso la paciencia y el amor hacia los más desfavorecidos. Antes he aludido a los refugiados y otros inmigrantes latinoamericanos, subsaharianos o de donde sean. Pero aquí hay también mucha gente que necesita voluntarios de la misericordia, antes incluso de que comience ese Año de la Misericordia en la Iglesia católica (8 de diciembre próximo). Me refiero fundamentalmente a mujeres, algunas de ellas prácticamente niñas, que están en peligro de abortar por estar solas, por no tener posibilidades económicas ni defensa ante tantos ataques a la vida en nuestra sociedad ciega ante el aborto. Voluntarios que formen un grupo compacto, ilusionado para asesorar y ayuda de mil formas en el PROYECTO MATER coordinado por Cáritas Diocesana, Pastoral de la Salud, Delegación de Familia y Vida con la Fundación Centros de Orientación Familiar (COF). También en otros proyectos que de este tipo hay en nuestro entorno: Red Madre, grupos de acogida y de salvamento de bebés en riesgo de ser abortados.

Sin duda son las mamás embarazadas solas quienes más necesitan ese apoyo, pues no basta condenar el aborto. Lo seguiremos haciendo mostrando su sinsentido y su engaño. La gravedad de este asunto se ve con toda su crudeza cuando, incluso muchos años después de abortar, las madres sufren el terrible síndrome postaborto. ¿Han tenido alguna vez en cuenta nuestros legisladores esta realidad tremenda cuando aparece una ley abortiva? Sinceramente no, entre otras cosas, porque ninguna ley externa puede llegar al corazón y a la conciencia que sufre. Parece que se quedan casi siempre en una ley positiva y en hablar de derechos “reproductivos”: ¡Bendito sea Dios! Os animo a todo este trabajo en nuestras comunidades. No hay tiempo que perder en parroquias, en catequesis, en participar en esos trabajos de voluntarios por tantas cosas que podemos mejorar. No nos quedemos sólo en la queja y el lamento. Dios os la pague.

 

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
Acerca de Mons. Braulio Rodríguez 314 Articles
Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.