La escuela y la espadaña (I)

agusti_cortesMons. Agustí Cortés        Decíamos, refiriéndonos a nuestra responsabilidad, la de todos, ante el problema de la educación de nuestros hijos, que “los pecados de omisión siempre se pagan mañana.”

El teólogo español Olegario González de Cardedal publicó en 1981 un bonito artículo que resulta, también hoy, iluminador y sugerente en su brevedad. Estaba dedicado al profesor y político, ideólogo de la izquierda socialista, especializado en la cuestión educativa, Luís Gómez Llorente. Este profesor, seguidor de la antigua Institución Libre de Enseñanza, discípulo de Fernando de los Ríos, en una de sus publicaciones posteriores al artículo citado explicaba el problema de la religión en la escuela desde una interpretación de la historia española. Somos víctimas, decía, de un hecho nefasto: “el monstruoso maridaje entre el trono y el altar” (M. de Unamuno), la persistencia del factor católico como elemento identitario de la nación, la fe católica como una rémora desastrosa para el progreso de las ciencias y de la educación racional y laica. Los intentos de emancipación llevados a cabo por la Ilustración y por fuerzas políticas, básicamente republicanas, no fueron efectivos. Lo que ocurrió en la Segunda República acabó en un total fracaso por la imposibilidad de diálogo entre las facciones enfrentadas.

Cuando este profesor y político murió hace tres años, alguien lo definió como gran “defensor del laicismo, entendido como forma suprema de la ética que preconiza la neutralidad estatal ante todas las creencias, desde la racionalidad, el diálogo, la actitud respetuosa y benevolente hacia las concepciones religiosas de los demás”. Esta manera de pensar es la base y la raíz nutricia de las conductas y las medidas adoptadas por no pocos políticos y responsables en el ámbito de la educación hoy. Lástima que no todos compartan la “actitud respetuosa y benevolente hacia concepciones religiosas” que mantenía el profesor.

El artículo citado del profesor O. González de Cardedal buscaba contribuir al diálogo purificador de prejuicios y clarificador de conceptos sobre la presencia de la inteligencia de la fe en el proceso educativo. Así, escribía:

“Conozco a un hombre que supo de las letras y de los hombres, de la vida y de la muerte, por la palabra de un maestro que a campana tañida convocaba a los niños de una aldea a la lectura y a la escritura, al juego y al canto. Campana sostenida en una humilde espadaña sobre el frontal humilde de la puerta”.

El caso es que aquel maestro, “que habló mucho del hombre y calló sobre Dios”, estaba en la aldea porque tenía que “esconderse”, habiendo luchado en defensa de enseñanza racional, accesible a todos y emancipadora en un marco democrático. Y aquel hombre, alumno de tal maestro, descubrió de dónde venía la campana que llamaba cada día a la enseñanza: provenía de una ermita, que había sido destruida, donde la gente había cantado y celebrado la vida y la muerte. Él, pasados los años y versado en saberes científicos y transformadores de la realidad, terminó por reedificar la ermita…

Los católicos creemos que “frente a fanatismos e integrismos hemos de discernir con inteligencia, rigor y amor”. Hay un camino interior entre la escuela y la ermita, de ida y vuelta, que todos hemos de recorrer, si queremos dar respuesta a todos los interrogantes del ser humano. Necesitamos “la cultura junto al culto, la teología junto a la mística”. De otro modo, perderemos no sólo el ser humano, sino la misma razón crítica y emancipadora.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.