¡Rezamos para empezar!, y ¡empezamos a trabajar!

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     También el curso pastoral empieza y los primeros pasos prácticos son organizar la catequesis para llamar a niños, jóvenes, adultos y ancianos a conocer a Jesucristo, a quererlo y a vivir como vivió Él. Una llamada que nos implica a todos en cualesquiera los lugares y tiempos que tengamos, subrayo, a todos y cada uno de nosotros. No hace muchos años bastaba el anuncio durante la misa del domingo de que iba a comenzar la catequesis, e inmediatamente aparecían por los salones parroquiales los niños y jóvenes que querían hacer la Primera Comunión y la Confirmación.

Las cosas, ciertamente, han cambiado y hoy hay que —siguiendo la parábola evangélica— salir a los caminos a invitar a la boda a todos los que nos encontremos para que se llene el banquete de todos los que Dios —que son todos— quiere para organizar la fiesta que la vida en sí misma es. Todos los que somos conscientes de nuestra fe debemos ofrecerla a quien la desconoce. Somos testigos y no estaría bien que la sana envidia que debe provocar nuestra forma y estilo de vida, no fuera explicada. «¡Venid y lo veréis!» Por qué la Iglesia es acogedora y fraterna. La catequesis en su conjunto es trasmisión de fe en conocimientos, formas y maneras de comportarnos y de ser, además de convivencia y entrenamiento en lo de ser hermanos, hijos de Dios.

Además de la llamada a participar en la catequesis, hay una llamada previa a ser catequistas. Hoy rezamos especialmente por ellos. Formar los equipos de personas que se comprometen a mantener en el tiempo −semanalmente− este servicio de la trasmisión de la fe es muy fácil cuando la parroquia se compone de católicos disponibles y generosos, y es muy difícil cuando escasean este tipo de testigos de la fe. Habrá que romper ese localismo parroquial y estará muy bien echar una mano a la parroquia de al lado que tiene esa deficiencia.

Somos pues comunidad que anuncia, catequistas que se entregan, y nos faltan los participantes: ¡los catecúmenos!, que van a llenar nuestros locales a lo largo del año, teniendo como horizonte la Primera Comunión, la Confirmación, el Matrimonio… En este punto tenemos que decir alto y claro que la catequesis es fundamentalmente un proceso de iniciación a la vida cristiana, que dura años, no porque sea muy largo de hacer, sino porque ha de acompañar la experiencia vital de las personas que, a lo largo del tiempo, nos encontramos con las realidades de la vida en las que Jesucristo sale a nuestro encuentro. ¿Hasta qué momento? Hasta en el que aseguro mi pertenencia a la comunidad cristiana, a la Iglesia, sabiéndome miembro activo de ella.

En el trascurso de ese proceso la Iglesia Madre, el gran misterio del amor de Dios a la humanidad, nos va haciendo entrega de lo que ha recibido de Dios: la Palabra, los sacramentos y el mandamiento del amor hecho realidad en la fraternidad de los hijos de Dios. La Iglesia nos entrega a Jesucristo resucitado, o mejor dicho, la Iglesia es donde entro en la presencia de Jesucristo resucitado que, como sucede en todo encuentro entre personas, Jesucristo nos habla, nos hace sentir su compañía y nos quiere. Palabra, sacramentos y amor han de ser ofrecidos vividos en la catequesis ¡Ojala! desde la infancia, pasando por la adolescencia y la juventud hasta llegar a hacernos cargo de la marcha de la historia personal y colectiva como testigos. Hacer presente a la Iglesia en el mundo será así la resultante de la presencia de los cristianos en los vastos campos de la cultura, la familia, la política, el mundo del trabajo, ofreciendo la trasformación de las estructuras necesitadas de los valores del Reino de Dios: justica y paz, vida, amor y verdad, santidad y gracia de Dios. ¡Feliz curso pastoral!

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.