Sacerdote y seglares para edificar la comunidad

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez      San Pablo en sus viajes apostólicos dejaba organizadas las comunidades instituyendo presbíteros y diversos ministerios laicales. Así, en el primer viaje misionero en Listra, Iconio y Antioquía “constituyeron presbíteros en cada iglesia por la imposición de las manos” (Hc 14, 23). También señaló diversas tareas, oficios y ministerios carismáticos laicales para la construcción de las comunidades (cf 1 Cor 12, 28). Pidió siempre mantener el espíritu fraternal para que no hubiese contradicción entre carismas y autoridad. Exhortó a los tesalonicenses a tratar “con reverencia y amor a su ministerio a los que trabajan entre ellos y los presiden en el Señor” (1 Tes 5, 12). Estructuradas así, las comunidades crecen por el trabajo de todos, cada uno en su puesto.

En la ordenación sacerdotal se hacen dos promesas, el de obediencia y el de celibato. Ambos están destinados a la construcción de la comunidad. Por la promesa de obediencia el obispo encarga diversos servicios buscando el bien de las almas y de las comunidades y el del propio sacerdote enviado. La ordenación sacerdotal es por y para la santificación del pueblo fiel de Dios. Los sacerdotes en lugar de pensar en su realización personal, se dedican a la realización del reino de Cristo. En lugar de poner el amor en cosas humanas, incluso legítimas para los cristianos, lo ponen en Cristo con exclusividad y en la Iglesia nuestra madre. Por la promesa del celibato entregan su amor indiviso a Cristo para, desde Él, estar liberados en sus afectos y tiempo para amar entregándose al bien de todos por igual, sin exclusión ni predilección por nadie.
Entre todos, sacerdotes y seglares, construyen las comunidades. A veces el sacerdote está sobrecargado de trabajo. Lleva una vida muy agitada en la acción pastoral de modo que parece que lo hace todo. En otros casos, seglares competentes en muchos campos ofrecen su ayuda corresponsable y generosa para servir a la comunidad. Así, en fraterna complementariedad de clérigos y seglares, llegan a cubrir todos los campos de la pastoral abarcando, como largos brazos, los asuntos más periféricos.
Se necesitan sacerdotes fervorosos, bien preparados, liberados, llenos de amor a Dios y a los hermanos. Su trabajo de ser animadores y servidores de comunidades consiste en convocar, presidir la Eucaristía, anunciar el Evangelio, conceder el perdón, escuchar, aconsejar, animar y coordinar las actividades, muy unidos a todos los colaboradores. Por norma, y no sólo por la escasez de sacerdotes, los seglares ocupan el puesto que les corresponde completando con el ejercicio de los ministerios laicales la acción pastoral de los sacerdotes. Todos los miembros de la comunidad están llamados a construirla poniendo a su servicio los dones que Dios ha dado a cada uno. Así entre todos se llega a formar el Cuerpo Místico de Cristo.
A este respecto el papa San Juan Pablo II pedía “no clericalizar a los laicos ni laicizar a los sacerdotes”. A partir del Concilio Vaticano II ha habido un despertar de los fieles laicos: “El lugar por excelencia para el ejercicio de la vocación laica es el mundo de las realidades económicas, sociales, políticas y culturales. En este mundo es donde los laicos están invitados a vivir su vocación bautismal. Lo que la Iglesia necesita es un sentido de complementariedad más profundo y creativo entre la vocación del sacerdote y la de los laicos” (9 mayo 2002).

La expresión novedosa de “Pueblo de Dios”, acuñada por el Concilio Vaticano II para definir a la Iglesia, revaloriza los carismas del Cuerpo Místico de Cristo. Por eso al hablar de la relación entre sacerdotes y seglares para construir la misma y única Iglesia dice: “Los sacerdotes reconozcan con gozo y fomenten con diligencia los multiformes carismas de los laicos” (PO 9). Para que se genere una mayor vivencia y fuerza evangelizadora se requiere vivir unidos y sabiendo que cada uno tiene la vocación propia para hacer posible que el Pueblo de Dios que es la Iglesia crezca, como el mejor regalo, en medio de la humanidad.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).