Política ecológica

agusti_cortesMons. Agustí Cortés       Hemos de ir a votar, y cada uno ha de hacer su propio discernimiento sobre qué opción política se aproxima más a las propias convicciones, qué proyecto político responde mejor a la idea de persona humana, mundo, sociedad, cultura, etc, qué programa refleja mejor lo que él cree que ha de hacerse para solucionar los problemas sociales y políticos que tenemos.

La encíclica Laudato si’ del papa Francisco, nos ha recordado que un cristiano debe apoyar o promover “una política ecológica”. Esta expresión tiene un significado evidente: quiere decir que hemos de promover una política que garantice en todos los ámbitos el respeto por el medio ambiente. Pero también tiene otro significado más amplio y profundo. “Ecología”, en la encíclica, significa una manera de vivir y actuar en el mundo, una manera de convivir, de trabajar, de producir, de crear cultura, que está de acuerdo con el humanismo, tal como lo entendemos desde Jesucristo y la Doctrina Social de la Iglesia. Es lo que se llama “una ecología integral” (cap. IV). Su fundamento está en el hecho de que “todo está relacionado”; como decía Benedicto XVI, “cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce daños ambientales”, una mala política siempre va unida a un perjuicio en el medio ambiente. La buena política tendrá como objetivo único lograr el bien común (Laudato si’, nn. 156-158).

Quizá no habrá partido político que no firme este principio. El problema surge cuando cada uno interpreta qué es el bien común y trata de promoverlo o “imponerlo”. Este bien común no sólo es el bien del conjunto (el pueblo, la sociedad), sino que también es el bien de todos y cada uno. Tampoco es un “bien” simplemente impuesto y unificador, que convierte el pueblo en masa, sino que:

–  Respeta cada persona con sus derechos, sobre todo su derecho a un desarrollo integral.

–  Reconoce los derechos de los grupos e instituciones con su iniciativa y creatividad a favor de todos, según el principio de subsidiaridad.

– Supone la justicia distributiva, origen y condición de la paz social.

Cuando decimos que el bien común ha de regir la “política ecológica”, estamos afirmando que esta política no ha de buscar el bien de unos pocos en detrimento o a costa del bien (los derechos) de los demás, sino que, según aquel principio básico de la Doctrina Social de la Iglesia, ha de defender el destino universal de los bienes de la tierra.

Ahora bien, dirá el Papa,

“En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas iniquidades y cada vez son más la personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica de ineludible consecuencia, en una llamada a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres” (n. 158)

Cuestiones accidentales que tienen impacto mediático llenan muchas veces las propuestas políticas. Pero nos habría gustado que este lenguaje en torno a lo esencial se haya escuchado más en los discursos de campaña electoral. No es un lenguaje sobre generalidades, sino sobre algo muy concreto: es labor del político poner letra a esta música, nombres y apellidos, medidas apropiadas que encarnen los grandes valores de la política ecológica.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.