Misión de los sacerdotes

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez     El Evangelista San Juan expresa en la imagen amable de Jesucristo Buen Pastor la misión del sacerdote. En varios pasajes del evangelio el mismo Jesús la perfila. Nos gusta esa imagen hermosa y sugerente del Buen Pastor que va delante de las ovejas o que lleva una herida sobre sus hombros o que tiene un zurrón colgado al cuello con alimentos y un cayado defensor en la mano. Todos esos signos son muy bellos y elocuentes. Nos hablan de cómo Jesús nos conoce, guía, camina, cuida, defiende, salva, busca y reúne. También se presenta como el siervo doliente con la cabeza cosida por una corona de espinas, sus manos y pies taladrados por los clavos, su costado atravesado por la lanza, todo su cuerpo lacerado por los azotes. Esta imagen no es nada idílica, pero es la más genuina y real. Ese es el Buen Pastor que “da la vida por las ovejas” muriendo en la cruz. Lo había dicho muchas veces: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos” (Jn 15,13).

Precisamente las acciones del sacerdote para evangelizar, santificar y guiar al pueblo cristiano reciben el nombre de trabajo “pastoral” porque encuentra su mejor figura y modelo en las acciones descritas del Buen Pastor. Así, los sacerdotes dedican como Jesús un gran porcentaje de su tiempo a atender a los enfermos, a los pobres, a los más necesitados. Cuidan y defienden a sus fieles de las asechanzas contra la fe, levantan y sanan a los caídos en el sacramento de la penitencia, animan en las crisis de fe a los pusilánimes, acogen a todos con un corazón misericordioso como el de Jesús. Comparten las alegrías y los triunfos y también los problemas, dolores, tristezas y derrotas de todos. Promueven las Obras de Misridordia.

Por medio de la catequesis y la predicación guían a los fieles por los senderos de la virtud y la santidad. Reparten el mejor de los alimentos que es la Eucaristía y los sacramentos, para que “tengan vida abundante” (Jn 10,10). Oran por los vivos y difuntos. En resumen: con fe y misericordia, alegría y generosidad realizan una entrega total de sí mismos. No se pertenecen, sino que son de y para la Iglesia, de la comunidad a la que sirven para su construcción. Lo expresa muy bien el himno de alabanza del prefacio de la misa Crismal: “Los sacerdotes renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a tus hijos el banquete pascual, presiden a tu pueblo santo en el amor, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos”.

La grandeza y belleza del ministerio pide a los sacerdotes la santificación personal tratando de modelar su existencia en la de Cristo, conformándose a su imagen. Por eso cultivan un equilibrio entre unión con Dios y apostolado, entre la oración y la acción, entre el ser y el hacer. Esto requiere constancia, fidelidad y renovación permanente de la gracia recibida en la ordenación sacerdotal.

El pueblo cristiano, conociendo la complejidad del ministerio sacerdotal, aprecia, venera y ayuda a sus sacerdotes a cumplir bien su misión. Son sus buenos amigos, aliento y alegría en los trabajos por el evangelio y las dificultades. Una costumbre excelente de las parroquias es la celebración de los “jueves sacerdotales” en los que las comunidades rezan por sus sacerdotes. También, todos años, el cuarto domingo de Pascua está dedicado a Jesucristo Buen Pastor. Es el día de gratitud y reconocimiento de quienes, como Jesús, son pastores de los fieles. Dice San Francisco de Asís: “El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el cielo entero debería conmoverse profundamente, cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote”.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).