Palabras para empezar un curso

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez    Deben ser palabras concisas, que consigan retratar el momento en que se encuentra la Iglesia diocesana y ofrecer diagnóstico y remedio. Listón muy alto me he propuesto saltar. Tal vez no logre mi propósito; creo incluso que no lo conseguiré por mi torpeza. Pero lo intentaré. De antemano digo algo fundamental: Jesucristo es quien, desde dentro, nos impulsa a evangelizar, a salir, a ofrecer el mensaje, su vida para los hombres y mujeres de nuestra sociedad. Ese es el horizonte, aunque hayamos confeccionado ya, en la Programación diocesana unos contenidos y acciones para este curso 2015-2016, que ayuda a concretar dicho horizonte.

Evangelizar supone celo apostólico, por dura que fuera la tarea. Evangelizar supone en la Iglesia diocesana confianza y coraje apostólico para salir de sí misma. Sí, “salir hacia las periferias”, que ya sabemos que quiere decir periferias no solo geográficas, sino la complejas periferias existenciales, que el Papa Francisco ya enumeró antes de empezar el cónclave en el que fue elegido: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia, las de prescindir de lo religioso (que el Papa llama “prescindencia”), las del pensamiento, las de toda miseria. Muchos males de nuestra Iglesia tienen su origen en creer que tenemos luz propia, de nuestra suficiencia, que deriva siempre en falta de humildad y prescinde del “mysterium lunae”, “misterio de la luna”. En los Padres de la Iglesia primitiva, esta expresión la empleaban ellos para explicar que, del mismo modo que la luna es un astro que no emite luz por sí mismo pero de noche brilla esplendorosamente al reflejar la del sol, así también la Iglesia no tiene más propósito que el de reflejar a Cristo.

Cuando intentamos vivir de nuestra propia luz, podemos caer en la “mundanidad espiritual”, un peligro real que nos puede sobrevenir y que hace estragos en el sujeto cristiano. Lógicamente para salir de sí, hace falta escuchar con devoción y fruición la Palabra de Dios, para proclamarla con obras y palabras. Si vivimos en nosotros mismos, de nosotros mismos, para nosotros mismos, tenemos riesgo alto de “mundanidad”, y no habrá cambios en nosotros. Recuerdo las palabras del cardenal Jorge Mario Bergoglio en esa intervención suya antes del cónclave: “pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales que la ayude a ser madre fecunda que vive de la dulce y confortadora alegría de evangelizar”.

Ninguno de nosotros es el Papa, pero tenemos la gracia de Cristo para ser buenos discípulos. Quiero decir que por qué estar apocados. Tenemos a tan buen capitán que es Cristo, como decía santa Teresa. Tenemos una Iglesia con comunidades en todas las poblaciones. Hay mucha gente dispuesta a trabajar, fieles laicos, consagrados, sacerdotes que están ilusionados. ¿Cómo poner trabas para comenzar con fuerza este tiempo que Dios nos da? ¿Cómo no abrir nuestro corazón, nuestras casas, nuestras parroquias a la acogida de quienes vienen de lejos asustados, huyendo de un mundo de horror, de violencia, de terrorismo?

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.