Fechas y días de Misericordia

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora       Sí, la semana pasada estuvo marcada por la «Exaltación de la Cruz» y por «Nuestra Señora de los Dolores», en esta semana celebraremos a Nuestra Señora de la Merced. En efecto, Jesucristo participó de los sufrimientos de la humanidad y, porque ha resucitado, participa en el tiempo de las tremendas realidades que siguen acosando la vida de los humanos. Nuestra Señora está en primera fila de una Iglesia que está acompañando «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren».

El Concilio Vaticano II continúa diciendo que «son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia».
Sí, estas fechas son fechas de misericordia en el sentido de que los cristianos nos sentimos solidarios de los que, por una u otra razón, sufren la enfermedad, la injusticia, el paro, la opresión, la falta de futuro, la privación de libertad (en el caso de los presos y su patrona Nuestra Señora de la Merced). Poner el corazón de Dios en las miserias humanas, no fue un acto de generosidad altruista de un ser supremo que no le va en nada la realidad de la gente, sino que Dios Padre envió a su propio Hijo, nuestro Señor Jesucristo, a participar de esa realidad que ha sido, es y será hostil al género humano por nuestros propios méritos. Ahí sentimos fuertemente la llamada los hombres y mujeres de fe, a dejar de ser los que van de buenos por la vida y pasar a implicarnos en esa encarnación de Jesucristo que nos lleva a sentir como propios los sufrimientos humanos aunque no hayamos sido causantes de ellos.

Necesitamos para entenderlo un giro radical que nos cambie la mentalidad. Quisiera explicarme con claridad: La sociedad no es esa realidad dura y amenazante que me reduce a ser un individuo que busca defenderse, zafarse, o buscar ventaja sobre los demás para salir airoso de la aventura escalando puestos de privilegio. No, hay otra manera de situarse ante la sociedad y es la noción de bien común. Así la define el papa Francisco: «El bien común presupone el respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral. También reclama el bienestar social y el desarrollo de los diversos grupos intermedios, aplicando el principio de la subsidiariedad. Entre ellos destaca especialmente la familia, como la célula básica de la sociedad. Finalmente, el bien común requiere la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva, cuya violación siempre genera violencia. Toda la sociedad –y en ella, de manera especial el Estado– tiene la obligación de defender y promover el bien común» (Laudato si, 157.)

La misericordia lleva dentro de sí esa capacidad que nos da Dios de aportar toda mi persona al logro de ese bien común, que no entiende a los demás más que como personas a las que solo se debe el reconocimiento de su dignidad, que necesitan lo que yo tengo. Pongamos nuestro corazón, el que hemos recibido de Dios, en las miserias de quien más necesita de nuestra comprensión y nuestra ayuda. Hagamos de la vida diaria fechas de misericordia y de solidaridad con todos.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.