Valoremos la fe y la eucaristía

vivessiliaMons. Joan E. Vives     Vivimos tiempos de dudas y de incertidumbres, también tiempo de renuncias y de nuevas formas de espiritualidad y de vida. Tiempo de misión y de servicio a los pobres. Por eso la fe nos es tan necesaria y no podemos desechar ningún esfuerzo por vivirla y hacerla crecer. Y la fe se alimenta de la Palabra de Dios y de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, así como de la caridad por la que actúa. Debemos ser fieles a nuestras tradiciones, a los sacramentos que nos acercan al misterio de Dios y nos hacen tomar conciencia del valor transcendente de la vida. La eucaristía no es un sacramento más: es el sacramento por excelencia, «el misterio de la fe«, porque a través de ella, Cristo se hace presente en nuestro interior y nos transforma, radicalmente, totalmente. Estamos llamados a participar activamente de la Eucaristía, pero no de una manera pasiva, por costumbre, y menos aún como una obligación, sino que debemos participar porque es la fuente de nuestra vida de fe, la raíz de nuestra transformación como personas, y la fuente de nuestra esperanza y caridad.
Y también nos damos cuenta –sobre todo en nuestros pueblos y ciudades– de que la Eucaristía se ha entretejido con las tradiciones populares del país y de nuestra cultura a través de las romerías, fiestas mayores, exequias y funerales, votos de pueblo, patronazgos, procesiones muy arraigadas… Son un gran bien, pero en una sociedad plural también son motivo de preocupación porque no todos los asistentes manifiestan la misma fe y algunos no lo aceptan. Parecía que habíamos llegado a un acuerdo de consenso: la Eucaristía es esencial para el creyente, y por eso la celebraremos; y al mismo tiempo, con respeto, asisten otros que no comparten esta fe, pero que quieren participar por solidaridad o respeto, por interés cultural o porque son las autoridades que deben representar todas las sensibilidades del pueblo y del país, también la de los católicos. Últimamente vemos que para algunos las celebraciones religiosas se convierten en un lastre y se quieren distanciar, y unos pocos incluso las querrían suprimir de los programas. Es una forma negativa de vivir la laicidad. Tendremos que alcanzar paz y tranquilidad, y volver a escucharnos con buena disposición mutua. Aunque no fueran creyentes podrían acudir, ciertamente, con respeto para los ciudadanos creyentes, como representantes que son de todos. De hecho, tanto si las autoridades vienen a los actos religiosos, como si no vienen, no por ello la fe y la vida cristiana de los ciudadanos deja de ser un acto público y no meramente privado. La Iglesia, la Parroquia, no son instituciones privadas. Somos una realidad pública, aunque no estatal ni política (Cardenal F. Sebastián). La Iglesia está abierta a todos, influye en la vida de la comunidad, tiene derecho a existir y a actuar independientemente de los políticos. Y ciertamente que nuestra fuerza está en Dios y no en las consideraciones de las autoridades del mundo.
La eucaristía no es antigua, ni ha pasado a otro tiempo. Siempre está viva y joven, porque en ella se hace presente, cada vez, el Cristo real. Como dice G.K. Chesterton, «la gente se vuelve hacia ideales nuevos porque no ha probado los viejos». Tal vez los ha probado, pero no ha descubierto el misterio que se atesora en ellos. Debemos creer, como Chesterton, que «los hombres no se han cansado del Cristianismo; pues no han encontrado nunca bastante Cristianismo para llegar a cansarse». Os propongo que demos testimonio de la fe, seamos humildes y trabajadores, virtuosos y gente de oración; que no nos avergoncemos de participar de la misa dominical, expresemos abiertamente nuestra condición de cristianos y comulguemos con la humildad del pecador, pero con la esperanza de recibir al Señor en nuestro interior. Y que estemos siempre dispuestos a dar razón de nuestra fe.
+ Joan E. Vives
Arzobispo de Urgell
Mons. Joan E. Vives
Acerca de Mons. Joan E. Vives 361 Articles
Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).