Ante el curso que comienza

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano      Después de los meses de verano, en los que nuestros pueblos se llenan de fiestas y de gente, el mes de septiembre nos invita a retomar nuestro trabajo, a poner a punto nuestras programaciones y a prepararnos para vivir con intensidad un nuevo curso escolar.

Este mes ha nacido herido, acogiendo un drama humanitario al que Europa debe dar respuesta de manera inmediata: la tragedia de los refugiados sirios y de tantos y tantos que llaman a nuestras fronteras huyendo de guerras, pobreza y persecuciones. También nosotros como cristianos debemos aprestarnos a aportar cuanto esté en nuestra mano para ayudar a paliar este gran problema; entre todos debemos afrontarlo y de un modo especial, la comunidad cristiana. Sin duda esta emergencia humanitaria va a marcar nuestras acciones pastorales en este curso que comienza, adelantando la invitación del Papa Francisco que a partir del 8 de diciembre nos invita a vivir el Año de la Misericordia.

El Año de la Misericordia iluminará, en los próximos meses, nuestras acciones en el ámbito parroquial, arciprestal, comunitario y diocesano. Estas deben mostrar de un modo testimonial el amor misericordioso de Dios al mundo. El Papa propone atender y potenciar las obras de misericordia, corporales y espirituales, con lo que eso supone de compromiso con los hermanos y de un modo singular con los más necesitados.

El curso que comienza tratará también de hacer un trabajo de revisión y de consolidación de los objetivos propuestos en el Plan diocesano de Pastoral, después de culminar el trienio en el que este se ha desarrollado. Los objetivos del plan han sido: el reto del primer anuncio en nuestra tarea evangelizadora, la atención pastoral renovada en nuestros pueblos pequeños, el acompañamiento en la fe de nuestros jóvenes y la renovación de la pastoral familiar. En este curso se revisarán las propuestas que se han puesto en marcha a lo largo de estos años y se consolidarán algunas de las iniciativas que se han desarrollado para conseguir los objetivos marcados. Cabe destacar la reorganización de la atención pastoral en los pueblos pequeños, para el que se está realizando un mapa de necesidades pastorales en la diócesis y la formación de algunos agentes que puedan colaborar en la atención de las Asambleas dominicales en espera de presbítero. La culminación de las orientaciones diocesanas para la Iniciación Cristiana. La formación estable de grupos de jóvenes, después de la participación en el Encuentro Europeo de Jóvenes de Ávila, y la atención a las familias y a la pastoral familiar en la vida de las parroquias, promoviendo la puesta en marcha de un Centro de Orientación Familiar (COF) diocesano, son algunas de las tareas a realizar.

La consolidación de estos objetivos y las propuestas a realizar para los próximos cursos debieran ser una aplicación práctica de la Evangelii Gaudium, haciendo realidad lo que el Papa Francisco pidió a los obispos españoles: ser una Iglesia en estado de misión permanente. Nuestra Iglesia diocesana tiene que ser una Iglesia misionera, una Iglesia en salida. Las palabras de Francisco en la Evangelii Gaudium, “prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EvG 49), deben iluminar nuestra tarea y compromiso.

El año de la Vida Consagrada, la conclusión del Año Teresiano, la presentación de la nueva encíclica del Papa Francisco “Laudato sii”, el estudio del documento de los Obispos españoles “la Iglesia servidora de los pobres”, la pastoral vocacional, el compromiso con los más necesitados, la atención pastoral a nuestros mayores y enfermos o la continuación de la vista pastoral, serán hitos que marcarán nuestra tarea pastoral los próximos meses.

Mucha y apasionante tarea la que tenemos por delante. Tenemos la seguridad de que la gracia de Dios no nos va a faltar. Os animo a todos, sacerdotes, religiosos y laicos, a poner lo mejor de nuestra parte para seguir anunciando con alegría el Evangelio.

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.