«No debáis nada a nadie, a no ser el amaron mutuamente»

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora          «Es mi vivo deseo -nos dice el Papa- que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos»” (Misericordiae vultus,  15).

Siguiendo pues el hilo conductor de estas reflexiones veraniegas, «que no teman lo que proviene de nuestras convicciones religiosas» que hoy nos llevan a escapar de esta mentalidad común de la indiferencia globalizada ante el drama de la pobreza. En una aplicación concreta de la tarea ofrecida por el Papa buscando la realización de las Obras de Misericordia nos dice:

«No podemos escapar a las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo. Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero (cfr. Mt 25,31 – 45). Igualmente se nos preguntará si ayudamos a superar la duda, que hace caer en el miedo y en ocasiones es fuente de soledad; si fuimos capaces de vencer la ignorancia en la que viven millones de personas, sobre todo los niños privados de la ayuda necesaria para ser rescatados de la pobreza; si fuimos capaces de ser cercanos a quien estaba solo y afligido; si perdonamos a quien nos ofendió y rechazamos cualquier forma de rencor o de violencia que conduce a la violencia; si tuvimos paciencia siguiendo el ejemplo de Dios que es tan paciente con nosotros; finalmente, si encomendamos al Señor en la oración nuestros hermanos y hermanas. En cada uno de estos «más pequeños» está presente Cristo mismo. Su carne se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga […] para que nosotros los reconozcamos, los toquemos y los asistamos con cuidado. No olvidemos las palabras de san Juan de la Cruz: « En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor» (Mv 15).

Quiero señalar el arranque del párrafo para que nadie tenga dudas acerca de lo que nos debe mover a los católicos: «No podemos escapar a las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados». Las convicciones que nacen de la fe cristiana tienen su origen en el encuentro personal con el Señor Resucitado, con Cristo Jesús que ha dado su vida por nosotros, que nos hace nuevos por dentro con su poder redentor y que nos da la energía, la vida, su Espíritu Santo, para ofrecernos a todos a partir del amor misericordioso.

Podrán quitar de en medio de la escena pública los crucifijos, jurar en falso ante ellos, arramblar con nuestras mejores tradiciones, que han tomado cuerpo en la cultura y en la idiosincrasia de este país que es España, negar el derecho de los padres a educar, en el sistema educativo a sus hijos, de acuerdo con sus convicciones, y no deberán encontrar en nosotros más que el amor misericordioso con el que nuestro Padre Dios ha acompañado la historia humana y por su Hijo Jesucristo ha prolongado en la Iglesia con la práctica de las Obras de Misericordia. Por encima de cualquier coyuntura político-social, lo más propio nuestro ha de ser el «servir al ser humano», poniéndonos junto a sus necesidades y problemas, situándonos en «las periferias existenciales» que llama el Papa, allá donde el ser humano sufre.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.