Momentos de la peregrinación hacia la misericordia

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar     Queridos diocesanos:

Querido, en estos primeros días del mes de septiembre y según vamos avanzando en el camino de preparación para el Año Santo de la misericordia, recordar algunos momentos o acontecimientos que deben ser expresión de la misericordia de Dios.

Un momento importante de esta peregrinación hacia la penitencia es la iniciativa «24 horas para el Señor» que ya hemos celebrado en años anteriores y que en este Año Santo se celebrará en las Diócesis el viernes y sábado que anteceden al IV domingo de Cuaresma. En estos dos días, el sacramento de la reconciliación debe ocupar un puesto central ya que a través del mismo experimentamos en nuestra propia carne la grandeza de la misericordia de Dios y la fuente de la verdadera paz interior.

Hermanos sacerdotes: los confesores debemos ser signo de la misericordia del Padre. Somos confesores auténticos cuando nosotros mismos nos convertimos en penitentes en busca de perdón. Los confesores participamos de la misma misión de Jesus y somos signo concreto de la continuidad del amor divino que perdona y salva. Por eso, por la acción del Espíritu Santo, somos responsables del perdón de los pecados; no somos los dueños del sacramento sino sus servidores y servidores del perdón de Dios. De ahí que debamos acoger a los pecadores como el Padre de la parábola del hijo prodigo: corriendo a su encuentro, abrazándolos y manifestando la alegría de su vuelta, sin hacer preguntas impertinentes sino que, interrumpiendo el discurso preparado del hijo de la parábola, seamos capaces de ver en el corazón de cada penitente la invocación de ayuda y la súplica de perdón.

En la Cuaresma habrá otro acontecimiento importante: la presencia de los misioneros de la misericordia. Todos los presbíteros en este Año Santo gozaremos de autoridad para perdonar los pecados incluso los reservados a la Santa Sede para que sea evidente la amplitud de su mandato. Estos misioneros serán signo de cómo el Padre acoge a cuantos buscan el perdón; serán misioneros de la misericordia. Todos, por tanto, sin excluir a nadie, son llamados a percibir la llamada de la misericordia. Todos los pastores debemos ser solícitos para motivar a los fieles, especialmente durante la Cuaresma, a acercarse al «trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar gracia» (Hb 4, 16)

La palabra del perdón debe llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no debe dejar a nadie indiferente. Y es que la invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida: a los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal, a quienes se les pide un cambio de vida en nombre del Hijo de Dios que, si bien combate el pecado, nunca rechaza a ningún pecador; a no caer en la trampa de pensar que la vida depende del dinero y que, ante él, todo el resto se vuelve carente de valor y dignidad: combatamos la violencia usada para amasar fortunas que escurren sangre y no convierten a nadie en poderoso e inmortal. ¡Para todos, tarde o temprano, llegará el Juicio de Dios del cual ninguno puede escapar!

Esta misma llamada debe llegar a todas las personas promotores y cómplices de corrupción. Esta llaga putrefacta de la sociedad es un grave pecado que clama al cielo pues mina desde los fundamentos la vida personal y social, impide mirar al futuro con esperanza porque destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres.

Éste es el tiempo oportuno para cambiar de vida. Es el tiempo para dejarse tocar el corazón.

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.