REZAR POR LOS DIFUNTOS

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol       San Agustín y su madre se hallaban en una casa de la población de Ostia, descansando de un largo viaje desde Milán, que debía conducirles, ahora por mar, a Tagaste, en el África romana.

Estando allí, santa Mónica enfermó gravemente y habló con sus hijos para despedirse de esta vida y hacerles un ruego. San Agustín lo cuenta así en sus Confesiones: «Viéndonos sobrecogidos de aflicción nos dijo: “Aquí dejaréis enterrada a vuestra madre”. Yo callaba y reprimía el llanto, pero mi hermano le dijo no sé qué palabras, que aludían a desearle como cosa más feliz que muriese en su patria, y no en país tan extraño. Ella, habiendo oído todo esto, mirándole primero con un rostro severo y desazonado, como reprendiéndole con los ojos que pensase de aquel modo, y mirándome después a mí, dijo: “Mira lo que dice éste”. Luego, hablando con entrambos, añadió: “Enterrad este cuerpo dondequiera, y no tengáis más cuidado de él; lo que únicamente pido y os encomiendo es que os acordéis de mí en el altar del Señor dondequiera que os halléis”.»

Durante las semanas precedentes he tratado en A los cuatro vientos del precepto sublime de la caridad, fijándome en el amor a los más próximos y en el amor a los enemigos. Hoy quiero cerrar estos comentarios hablando del amor por los difuntos, y la dulce obligación moral que tenemos de rezar por ellos y ofrecerles la Eucaristía. Por este motivo he recogido la conocida escena del diálogo de san Agustín y su madre que concluye con estas palabras de santa Mónica rogando que se acordaran de ella ante el altar.

San Agustín hubiera podido pensar que su madre no lo necesitaba. ¿Cómo iba a dudar de que estaría en el Cielo aquella que sólo vivía pensando en Dios y que había derramado tantas lágrimas para que él abandonara su vida anterior y se convirtiera?

A nosotros nos corresponde rezar por los difuntos, no juzgar su vida o sus méritos y la mayor o menor necesidad de plegarias. La Iglesia siempre ha hablado de esta «comunión de los santos», en la que se cumple la consoladora ley: que el amor es más fuerte que la muerte. ¡Qué esperanzador resulta! Seguimos amando a aquellos que tanto nos han amado, rezamos por ellos y a ellos acudimos como intercesores en nuestros desvelos. Aunque físicamente anulada, no se ha roto nuestra relación espiritual, porque todos estamos en manos de Dios y nos encontramos en este abrazo de la fe.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
Acerca de Mons. Jaume Pujol 324 Articles
Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.