DOS AMORES INSEPARABLES

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol     En una ocasión, nos relata el Evangelio de San Mateo, Jesús fue preguntado sobre el principal mandamiento de la Ley. Su respuesta fue citar dos, en vez de uno solo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Y el segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo.»

Fijémonos en dos cosas. Primero que Jesucristo asocia en su respuesta el amor a Dios y el amor al prójimo, y aún dice de este segundo que «es semejante» al primero. Alguien podría pensar: ¿no será esto rebajar a Dios? No, esto es ascender al hombre. ¡Y de qué modo!

El cristianismo enseñó a la humanidad esta lección sublime de amor a los demás. Desde Jesucristo, el rostro de Dios lo encontramos en los hermanos, y si damos un vaso de agua al sediento, o vestimos al desnudo, o visitamos al enfermo, o al preso…Es como si lo estuviéramos haciendo a Dios mismo según sus propias palabras.

Así se explica que personas que han amado mucho a Dios hayan prestado servicios impagables a las personas. Los ejemplos son innumerables y en su gran mayoría pasan desapercibidos, pero por citar algunos, escogidos a voleo, podríamos mencionar a san José de Calasanz, el santo de Peralta de la Sal, del siglo XVI, cuyo amor a Dios le hizo ver, cuando se hallaba en Roma, algo que otros no habían visto, o al menos no habían afrontado: la necesidad de educar a tantos niños y jóvenes que vagaban por las calles. De ahí nacieron las Escuelas Pías.

O Juana Jugan, aquella débil mujer de la Bretaña francesa, del siglo XIX, que comenzó recogiendo de la calle en su casa a una anciana y de este embrión de caridad nacieron las Hermanitas de los Pobres. ¡Cuántas miles han acogido desde entonces!

Los santos son ejemplo de amor a Dios y de amor al prójimo. Pero es cierto que hay en nuestra sociedad personas no creyentes que realizan formidables tareas sociales a veces muy sacrificadas. También ellas son dignas de admiración, y quienes creemos en Dios valoramos lo que hacen y estamos convencidos de que Dios premiará estos nobles esfuerzos.

Si Dios nos lleva a amar a nuestros hermanos, el servicio desinteresado a ellos de personas sin fe, también conduce de algún modo a Dios, por lo mismo que Jesús enseñó: que ambos amores no pueden separarse. Están íntimamente unidos.

+ Jaume Pujol Bacells

Arozibispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.