Hambre y sed

Cesar_Franco_SegoviaMons. César Franco       Muy a menudo concebimos la relación con Dios como si se tratara de un contrato de trabajo. Debemos hacer una serie de cosas para que Dios esté contento con nosotros. Justificamos incluso esta idea con algunas parábolas de Jesús en las que Dios es presentado como dueño o patrón a cuyo servicio están sus siervos. El siervo tiene que tener todo preparado y en orden, a la espera de que llegue su señor. Y cuando este llega, se pone a servirlo. En la espiritualidad judía, preocupada por el cumplimiento de la ley, dominaba la mentalidad legalista de hacer bien las obras que Dios quería. Es obvio que ésta no es una idea descarriada de la relación con Dios, pero claramente insuficiente.

Reflejo de dicha mentalidad es la pregunta que dirige la gente a Jesús en el evangelio de hoy: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras que Dios quiere?» (Jn 6,28). ¡Cuántas veces los creyentes se hacen esta legítima pregunta! Jesús, sin embargo, no responde con una serie de recetas para agradar a Dios: haced esto o lo otro; trabajad de esta manera o de aquella. Su respuesta revela otra perspectiva: «Esta es la obra de Dios: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6, 30). La gente entendió de inmediato que Jesús pedía que creyeran en él y por eso le piden argumentos o signos para confiar y adherirse a él. Si un hombre, por santo que sea, se presenta como el Enviado de Dios que reclama la adhesión de los hombres, lanza un reto difícilmente asumible por la razón. Era normal que los contemporáneos de Cristo le exigieran pruebas. Ellos confiaban en Moisés porque les había liberado de la esclavitud y, en el desierto, les había dado agua, codornices y el famoso maná, que los judíos llamaban pan del cielo. Si Jesús se presentaba con mayores pretensiones, tenían derecho a pedirle signos que las justificaran.

Este diálogo entre Jesús y la gente se desarrolla después de haber realizado la multiplicación de los panes y los peces. De ahí que Jesús, como signo de quién es él, se remita a dicho milagro y, desvelando su profundo significado, afirme: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí no pasará nunca sed». Jesús define al hombre como un ser insaciable por naturaleza, un deseo infinito de felicidad (eso significa el hambre y la sed), que no puede colmarse con ninguno de sus trabajos, en los que siempre queda insatisfecho, sino sólo con la plenitud de Dios. Decir de sí mismo que es el pan de la vida, es afirmar con una expresión asequible a todo el mundo que sólo Cristo sacia nuestro hambre de vivir. Vivir, sí, y vivir plenamente es el fin del hombre. Y puesto que vivir equivale a ser amado, ya que sin amor no se puede vivir, Jesús está diciendo que sólo él puede saciar el deseo de ser amado que bulle en cada corazón de carne. El filósofo francés, Gabriel Marcel, decía: «Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás». Esto es lo que el hombre necesita oír y experimentar. Y bien sabemos que nadie puede decirnos: tú no morirás jamás. Sólo Dios. Y Dios nos lo ha dicho en Cristo.

Entendemos entonces que no son nuestros trabajos los que conquistan el amor de Dios, ni los que nos justifican ante él. Hemos de hacerlos, y hacerlos bien. Pero el trabajo que Dios quiere es la apertura de nuestro ser y la confianza plena en Cristo, enviado por Dios para ofrecernos la Vida. La fe es un trabajo, ciertamente, y en ocasiones un trabajo arduo, lacerante, fatigoso, porque al hombre le cuesta darse sin reservas, confiar en otro, ofrecerle la adhesión del ser. Por eso, no haremos este trabajo si previamente no hemos acogido a Cristo, el único que puede saciar el hambre y la sed de vivir, y vivir eternamente.

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).