«El valor del silencio»

martinez_sistachMons. Lluís Martínez Sistach       Se ha escrito que «la capacidad de silencio en el hombre es el termómetro de su calidad y nobleza». Desgraciadamente, hoy va aumentando el ruido y va disminuyendo el silencio. Y el silencio es lo que más necesitamos. Por eso, estos días que para muchas personas anuncian un tiempo de vacaciones, me ha parecido oportuno dedicar unas líneas al silencio y a la reflexión.

Hoy cuesta encontrar tiempo para la reflexión. Y el período de vacaciones puede ser una buena oportunidad. Recuerdo que el papa Francisco explica que, siendo arzobispo de Buenos Aires, pasaba el tiempo de vacaciones en su residencia habitual, dedicado sobre todo a la oración y a la lectura de libros clásicos de espiritualidad.

Si queremos reflexionar, necesitamos crear silencio en nuestro propio entorno, o al menos buscar ratos y espacios para la meditación. Necesitamos intentar entrar en el silencio sin miedo. El silencio concentra nuestra vida y nos ayuda a hacerla más profunda y a vivirla con plenitud.

El silencio es necesario para encontrarnos a nosotros mismos y para descubrirnos auténticamente; nos ayuda a mirar el pasado con ecuanimidad, el presente con realismo y el futuro con esperanza. El silencio nos permite contemplar a Dios, a los hermanos y la naturaleza con unos ojos nuevos y nos ayuda a proyectarnos hacia los demás con más generosidad.

El silencio habla. Parece una contradicción, pero no lo es. Sin embargo, hay que saber escuchar el silencio, porque nos ofrece siempre un mensaje de sabiduría. En el silencio nos autodescubrimos, vemos con más claridad nuestra propia vida, lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, la calidad de nuestra existencia y lo que Dios y el prójimo esperan de nosotros. En el silencio escuchamos nuestra conciencia. Un escritor inglés ha dicho que «el silencio es el gran arte de la conversación». Es muy cierto, porque en la conversación es muy importante saber escuchar al otro cuando habla. Y, como es obvio, esto pide una cierta capacidad de callar y hacer silencio en nosotros. Sólo así podemos escuchar realmente al otro y dialogar con él.
Ante la soledad que fomenta nuestra civilización, a todos nos es muy necesario y provechoso un diálogo interpersonal con los otros y con Dios. Este diálogo de amistad con Dios es precisamente la oración, como enseñó santa Teresa de Jesús, cuyo quinto centenario estamos celebrando este año. Y esta es una de las cualidades del silencio, que crea un clima propicio para la oración. Para el creyente todo tiempo es oportuno para la oración, pero el tiempo de vacaciones lo es especialmente.

+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.