LOS ABUELOS

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano       En este año de la familia que estamos culminando dentro de la programación de nuestra diócesis, permitidme que dirija esta última carta del curso a los abuelos. Soy consciente que estas líneas estarán en tus manos el 26 de Julio, día en que la Iglesia celebra a San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos del Señor. En muchos de nuestros pueblos se veneran imágenes de San Joaquín y Santa Ana, preciosas representaciones en las que los padres acompañan a María, siendo niña, o aparecen las tres generaciones (Santa Ana, La Virgen y Jesús) expresando una gran cercanía con la vida de la gente sencilla y su compromiso en la trasmisión de la fe.

Los últimos Papas han ponderado el papel de los abuelos en la vida familiar, en la construcción social y en la trasmisión de la fe. En su carta a los ancianos de 1.999, recordaba Juan Pablo II: “Los ancianos ayudan a ver los acontecimientos terrenos con más sabiduría, porque las vicisitudes de la vida los han hecho expertos y maduros. Ellos son depositarios de la memoria colectiva y, por eso, intérpretes privilegiados del conjunto de ideales y valores comunes que rigen y guían la convivencia social. Excluirlos es como rechazar el pasado, en el cual hunde sus raíces el presente, en nombre de una modernidad sin memoria. Los ancianos, gracias a su madura experiencia, están en condiciones de ofrecer a los jóvenes consejos y enseñanzas preciosas”. También Benedicto XVI loaba su papel en Valencia en el V Encuentro Mundial de las Familias: “Deseo referirme ahora a los abuelos, tan importantes en las familias. Ellos pueden ser —y son tantas veces— los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los pequeños la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias. Ojalá que, bajo ningún concepto, sean excluidos del círculo familiar. Son un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones, sobre todo cuando dan testimonio de fe ante la cercanía de la muerte”. Y culminaba diciendo con simpatía: “Yo soy abuelo del mundo”.

El Papa Francisco recuerda a los cristianos y al mundo el papel insustituible de los abuelos: “Un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria, ha perdido la memoria». Y continuaba diciendo: “Los abuelos no son muebles viejos, son el tesoro de nuestra sociedad”. (Homilía de Santa Marta del 19 de noviembre 2013). Sí, los abuelos de nuestras familias transmiten a sus nietos la tradición del hogar y el tesoro de la fe y deben ser para ellos un ejemplo. Tienen una situación privilegiada de confianza, lo que les permite convertirse en perfectos transmisores de los valores morales y que sean fácilmente asimilados. Pueden lograr, junto con los padres, una magnífica educación y formación espiritual para sus nietos.

En esta fiesta de San Joaquín y Santa Ana deseo felicitar a todos los abuelos de nuestra diócesis y agradecerles sus desvelos por los hijos y los nietos. En cuantos hogares os habéis convertido en un apoyo impagable en estos tiempos de crisis u os hacéis presentes en el día a día de la vida de los vuestros ofreciéndoles vuestro servicio generoso, prudente y abnegado, especialmente en cuidado de los nietos.

¡Qué San Joaquín y Santa Ana intercedan por vosotros y vuestras familias!

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.