¡Fuerte compromiso el del martirio!

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora       Estos días de verano nos traen la memoria de nuestros mártires y, además de encomendarnos a ellos, no debemos olvidar su coherencia y fortaleza. Prolongando la reflexión del domingo anterior, y con el propósito de seguir leyendo la carta encíclica del Papa, encuentro este texto. Además, con este ánimo de hablar y dialogar, sí debemos constatar las cuestiones con toda verdad, como sigue el papa Francisco en el número 200: «Por otra parte, cualquier solución técnica que pretendan aportar las ciencias será impotente para resolver los graves problemas del mundo si la humanidad pierde su rumbo, si se olvidan las grandes motivaciones que hacen posible la convivencia, el sacrificio, la bondad. En todo caso, habrá que interpelar a los creyentes a ser coherentes con su propia fe y a no contradecirla con sus acciones, habrá que reclamarles que vuelvan a abrirse a la gracia de Dios y a beber en lo más hondo de sus propias convicciones sobre el amor, la justicia y la paz».

Ciertamente, hemos de sentir muy fuertemente esta llamada que el Papa nos hace a los varones y mujeres de fe. Primero, ser coherentes con nuestra fe y, segundo, no contradecirla con nuestras acciones y comportamientos. Y, ¿cómo se hace eso? Que volvamos a abrirnos «a la gracia de Dios y a beber en lo más hondo de nuestras propias convicciones sobre el amor, la justicia y la paz».

El Papa no tiene inconveniente alguno a reconocer hechos del pasado: «Si una mala comprensión de nuestros propios principios a veces nos ha llevado a justificar el maltrato a la naturaleza o el dominio despótico del ser humano sobre lo creado o las guerras, la injusticia y la violencia, los creyentes podemos reconocer que de esa manera hemos sido infieles al tesoro de sabiduría que debíamos custodiar. Muchas veces los límites culturales de diversas épocas han condicionado esa conciencia del propio acervo ético y espiritual, pero es precisamente el regreso a sus fuentes lo que permite a las religiones responder mejor a las necesidades actuales».

Ahora bien, si creemos en el «Creador del Cielo y de la Tierra» y nos sabemos administradores de la creación, que en el fondo es el gran argumento del Papa para tomar conciencia de «lo que le está pasando a nuestra casa» para ponernos en danza a todos y actuar decididamente en nuevos estilos de vida que hagan sostenible la íntegra ecología de la creación.

Sigue su llamada para abrirnos a todos en un diálogo que nos lleve a encontrar soluciones y futuro: «La mayor parte de los habitantes del planeta se declaran creyentes, y esto debería provocar a las religiones a entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad. Es imperioso también un diálogo entre las ciencias mismas, porque cada una suele encerrarse en los límites de su propio lenguaje, y la especialización tiende a convertirse en aislamiento y en absolutización del propio saber. Esto impide afrontar adecuadamente los problemas del medio ambiente. También se vuelve necesario un diálogo abierto y amable entre los diferentes movimientos ecologistas, donde no faltan las luchas ideológicas. La gravedad de la crisis ecológica nos exige a todos pensar en el bien común y avanzar en un camino de diálogo que requiere paciencia, ascesis y generosidad, recordando siempre que «la realidad es superior a la idea» (LS 201).

Este debe ser nuestro martirio hoy: promover diálogo y conjunción de fuerzas ante la gravedad de lo que estamos viviendo cerca y lejos, que todo afecta a todos.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.