La amenaza del poder

Cesar_Franco_SegoviaMons. César Franco       Durante toda su vida Jesús experimentó la amenaza y tentación del poder. Al final de su ayuno y oración de cuarenta días en el desierto, Satanás le propuso abiertamente ser dueño de los reinos de la tierra. Sólo tenía que arrodillarse ante él. Esta burda y grosera tentación fue despachada por Jesús con un «apártate de mí Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto”» (Mt 4,). Las tentaciones del desierto no es sólo el relato de un momento puntual en la vida de Jesús. Es también un relato programático de las tentaciones que Jesús experimentará a lo largo de su vida, aunque no vengan escondidas bajo la capa del tentador. Jesús fue tentado a la largo de su vida, y no una, sino muchas veces. De ahí que pueda decir el autor de Hebreos que, por haber sufrido la tentación, «puede auxiliar a los que son tentados» (Heb 2,18).

El objeto de las tentaciones de Cristo es su poder divino. Jesús es tentado a utilizar su condición de Hijo de Dios en beneficio propio para conseguir éxitos humanos, triunfos que le conviertan en el mesías rey que la gente esperaba. Por eso la tentación se reviste con apariencia de bien —como siempre sucede— para conseguir el «poder» que convenza a los hombres de que es el enviado de Dios. A veces son los más cercanos quienes le tientan, sus vecinos de Nazaret que le piden signos milagrosos. Y los apóstoles, que desean ocupar los primeros puestos en el reino terreno que, según sus entendederas, Cristo viene a fundar. Hasta Pedro le tienta, cuando, al anunciar Jesús su propia muerte, es decir, el fracaso humano de su supuesta tentativa política, se interpone en el camino para desviarle de la voluntad de Dios. En ese momento, Jesús pronuncia las palabras más duras dirigidas a uno de los suyos, al ver reproducida la tentación del desierto: «apártate de mí, Satanás, no piensas como Dios sino como los hombres». Y, crucificado en el Calvario, Jesús escuchará de nuevo la seducción diabólica: «Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».

En el evangelio de hoy, Jesús, después de realizar la multiplicación de los panes y los peces, descubre que la gente, entusiasmada con un milagro cuyo significado espiritual no ha entendido, quiere hacerlo rey. Lo tenían a mano. Era el rey que les daría de comer. No podían dejar escapar una oportunidad de oro: «Este sí es el profeta que tenía que venir el mundo». Jesús, al ver esto, «sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él solo». Orar en soledad, buscar al Padre, es la respuesta de Cristo a la amenaza del poder que pretende destruir el plan de Dios. Sabe que él es rey, como abiertamente se lo dice a Pilato, pero su reino nada tiene que ver con los reinos de la tierra, con sus poderes y cortes mundanas, con los primeros puestos ansiados por quienes se buscan a sí mismos o sus mezquinos intereses. Jesús es Rey porque ha venido a dar testimonio de la verdad del Padre, y nada ni nadie podrá apartarlo de su camino. Lo intentará Satanás y sus secuaces, exigiéndole signos prodigiosos, pero Jesús sólo dará un signo de su realeza: el amor entregado, su cuerpo y sangre ofrecidos en alimento. De este signo era un anuncio la multiplicación de los panes y los peces. Quería mostrar que Él podía alimentar a los hombres, pero no con el aprovisionamiento de bienes caducos, sino con el pan de sí mismo, incorruptible, eterno, el pan del cielo. Lo triste es que, después de tantos siglos transcurridos, sean tantos, incluso cristianos, que quieren apartar a Cristo de su camino y se acercan a él (o a su Iglesia), como el tentador, para decirle, en beneficio propio: «Si eres hijo de Dios haz que estas piedras se conviertan en pan».

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Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).