Cariñosos al hablar

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris     Todos tenemos experiencias negativas y hemos sido heridos alguna vez por las palabras de quien no nos ha querido bien y, lo más doloroso aún, por las palabras de personas queridas o amigas. Y, al mismo tiempo, tenemos que preguntarnos si nosotros mismos no habremos herido también a alguien mediante el rechazo, la calumnia o el descrédito.

No tenemos porqué esconder nuestros problemas o discrepancias (de las que hay testimonios ya en el Nuevo Testamento) porque somos y seremos siempre personas débiles y siempre tendremos que tratar con personas débiles. No se trata de esconder nuestros desacuerdos: en nuestros grupos, entre parroquias, con el obispo, etc. Pero deberíamos pensar de qué manera estas circunstancias afectan o no a nuestra credibilidad, porque una comunidad que se pelea no es ciertamente muy atractiva. Será siempre más atractivo lo de los Hechos de los Apóstoles: «Todos los creyentes vivían unidos y lo que tenían lo ponían al servicio de todos». O lo que después se dice de los primeros cristianos: «Mirad, cómo se aman».

La Carta a los Efesios considera posible entre los bautizados diferentes males: la amargura, el enfurecimiento, la ira, los gritos, las injurias y toda clase de maldad, pero pide cambiar y por un motivo claro: «Sed buenos y cariñosos los unos con otros, y perdonaos como Dios os perdonó en Cristo». Este es el talante de los cristianos que nos permitirá construir comunidad (la iglesia de la misericordia y del perdón). Esto es ciertamente un don de la gracia de Dios pero, como cristianos, tenemos el compromiso (deber e ideal) de edificar comunidades en las que las palabras, aunque sea con intención de corregir, creen comunión y no la destruyan (Ef 4).

Podríamos recordar también algunas de las enfermedades (curables) que últimamente nos ha señalado el Papa Francisco, que debilitan nuestro servicio, y entre ellas lo que él llama habladurías, murmuraciones, chismes, rivalidades e incluso calumnias que pueden desacreditar a los demás. Todo puede empezar por poco pero sembrando cizaña y a menudo mata la fama de los hermanos. El mismo san Pablo advertía a los Filipenses (2, 3-4. 14-15): «No hagáis nada por rivalidad ni por arrogancia; con toda humildad, considerad a los demás superiores a vosotros mismos. Que no busque cada uno sus propios intereses, sino los de los demás. Haced todo sin murmuraciones ni disputas, y seréis limpios e irreprochables».

El Papa decía que estas enfermedades son un peligro para todo cristiano y pueden golpear tanto a nivel personal como comunitario. Y que el antídoto para su curación es pedir la gracia de sentirse pecadores y de «tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo» (Fil 2,5), sentimientos de humildad y de donación, de desprendimiento y de generosidad. Y añadía que la curación es también fruto del conocimiento de la enfermedad y de la decisión personal y comunitaria de curarse soportando pacientemente y con perseverancia la cura.

Así pues, estamos llamados a mantenernos «en la verdad y en el amor, y a crecer en todo hasta que lleguemos a Cristo, que es la cabeza. Para él, todo el cuerpo se mantiene unido armoniosamente, va creciendo y edificándose en el amor «(Ef 4,15-16).

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.