La Bula "Misericordiae vultus" (I)

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar     Queridos diocesanos:

Quiero comenzar a ofreceros un resumen del contenido de la Bula de proclamación del Año jubilar de la misericordia, «Misericordiae vultus», que nos ayude a vivir este Jubileo con el espíritu que el Papa Francisco propone en el texto. Jesús es el rostro de la misericordia del Padre; en la palabra «misericordia» encuentra su síntesis el misterio de la fe. Jesucristo, con su palabra, con sus gestos y con su Persona, revela la misericordia de Dios. Siempre tenemos necesidad de contemplar la misericordia divina; ella es fuente de alegría, de serenidad y de paz para el ser humano. Es la vía que une a Dios con el hombre porque abre el corazón a la esperanza de ser amados a pesar del límite de nuestro pecado. El Jubileo extraordinario es un momento providencial para fijar nuestra mirada en la misericordia de Dios con nosotros para que esa mirada nos mueva a ser signo eficaz del obrar del Padre.

No es casualidad que el Jubileo, como sabemos, vaya a ser inaugurado el 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción: esta fecha evoca el modo de actuar de Dios desde los albores de la historia pues, tras el pecado del hombre, no lo deja a merced del mal sino que traza un maravilloso plan de salvación en el que María Santísima entra de lleno como mujer santa e inmaculada para ser la Madre del Redentor. Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón que siempre será infinitamente mayor que todo pecado. Por eso, la Puerta Santa se abrirá ese día y todo el que pase por ella tendrá la oportunidad de experimentar el amor de Dios que consuela, perdona y da esperanza: el II Domingo del Adviento se abrirá la Puerta Santa en la Catedral de Roma (San Juan de Letrán) y en las otras Basílicas así como en las Catedrales de cada Diócesis, y permanecerán abiertas durante todo el Año como signo de la misericordia. De este modo, cada Iglesia particular, como signo visible de la comunión de toda la Iglesia, se unirá al Jubileo que se celebra en la ciudad del Tíber.

La fecha del 8 de diciembre tiene también un significado especial en la historia reciente de la Iglesia: se trata del 50 aniversario de la clausura del Vaticano II, Concilio en el que los padres conciliares percibieron la necesidad de hablar a los hombres y mujeres actuales de un modo más comprensible. Recordemos las palabras de San Juan XXIII en la apertura del Concilio: «en nuestro tiempo, la esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empeñar las armas de la severidad». O lo que afirmaba el beato Pablo VI en la clausura del mismo al afirmar que la pauta de la espiritualidad del Concilio ha sido la antigua historia del buen samaritano.

El Jubileo extraordinario de la misericordia se concluirá en la Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, dando gracias a la Santísima Trinidad por haber concedido a su Iglesia un tiempo extraordinario de gracia.

La omnipotencia de Dios se manifiesta a través de su misericordia. Santo Tomás de Aquino decía que la misericordia no es, en absoluto, signo de debilidad sino, más bien, la cualidad del poder de Dios. En el Antiguo Testamento aparece frecuentemente el binomio «paciente» y «misericordioso» para describir la naturaleza de Dios. Esta misericordia se constata en muchas acciones de la historia de la salvación en las que la bondad prevalece sobre el castigo y la destrucción. La misericordia de Dios no es una idea abstracta; al contrario, es como el corazón de un padre o de madre cuyas entrañas se conmueven por su propio hijo. En el Nuevo Testamento, Jesús ora con este el salmo 136 antes de su pasión. Al instituir la Eucaristía pone este acto supremo de la revelación a la luz de la misericordia. Jesús vivió su pasión y muerte en este horizonte de la misericordia, consciente del gran misterio del amor de Dios que se habría de cumplir en la cruz. Desde la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad: la misión que Jesús ha recibido del Padre consiste en revelar el misterio de amor divino en plenitud. Este amor se hace visible y tangible en la vida de Jesucristo: su Persona no es sino amor que se dona y entrega gratuitamente. Su actitud y su forma de actuar con los pobres, los enfermos, etc. llevan el distintivo siempre de la misericordia. Nada en Él es falto de compasión. Finalmente, en las parábolas dedicadas a la misericordia, Cristo revela a Dios como un Padre que jamás se da por vencido hasta que no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la comprensión y la misericordia; en ellas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona.

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.