Inaugurada en Avilés la segunda capilla de Adoración Perpetua de la diócesis de Oviedo

Oviedo Adoracion_P._AvilésLa parroquia de San Antonio de Padua acoge, desde el domingo 12 de julio, la Adoración Perpetua en Avilés. Se trata de la segunda de la Iglesia en Asturias. La primera se inauguró hace ocho años, y se encuentra en la Capilla de las Esclavas, en la calle Conde de Toreno de Oviedo, mientras que la de Avilés lleva años gestándose y ha sido puesta en marcha especialmente en estos últimos meses.

La celebración del pasado domingo tuvo lugar en la parroquia de Santo Tomás,  presidida por el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz. Desde allí, al finalizar la Eucaristía, tuvo lugar una procesión con el Santísimo bajo Palio hasta la iglesia de San Antonio de Padua, donde se entronizó de forma permanente, para que todo aquel que lo desee pueda entrar a rezar delante del Santísimo las 24 horas.:

» Yo doy una hora y se la entrego  al Señor»

 Casi un centenar de personas se han ofrecido ya como voluntarias para velar durante una hora a la semana al Santísimo, que pasará a estar expuesto 24 horas al día en la Iglesia de San Antonio, de Avilés. De esta manera, la primitiva iglesia de la villa se constituye en la segunda capilla de Adoración Perpetua de la diócesis de Oviedo. La número 36 en toda España.

Se trata de un paso perseguido durante años por un grupo de laicos y religiosos. A partir de ahora, el templo será “centro de espiritualidad para Avilés y el arciprestazgo”, como ha señalado su arcipreste, Vicente Pañeda.

En el mundo existen hoy más de 3.000 capillas de adoración eucarística perpetua. Es decir, capillas en las que el Santísimo está expuesto 24 horas al día, y en las que siempre, a cada hora, se encuentra al menos una persona haciendo oración. Casi la mitad de ellas, unas 1.300, se encuentran en Estados Unidos. Sólo en Houston (Texas) hay más de 50, y en San Antonio, en el mismo Estado, alrededor de 100. Teniendo en cuenta que cada capilla necesita tener cubiertas, por voluntarios, las 168 horas que tiene una semana, da idea de la magnitud de la cifra de personas que colaboran. Semejantes números se explican porque el sacerdote que comenzó a crear capillas de Adoración Perpetua era norteamericano, de origen siciliano. Ha sido, por tanto, Estados Unidos, desde donde se comenzó a propagar esta espiritualidad de adoración y custodia al Santísimo Sacramento, las 24 horas del día, en una capilla constantemente abierta.

Y no es una iniciativa precisamente antigua. A pesar del gran número de capillas abiertas ya en el mundo, en España contamos actualmente con 36, siendo la primera en Estepona (Málaga), a comienzos de los años 90. Tras ella, el resto han ido abriéndose con bastante premura, al darse a conocer la Adoración Perpetua en nuestro país. De ello se han encargado miembros de la asociación Misioneros de la Santísima Eucaristía, cuyo carisma es precisamente el promover este modelo de oración, instalando capillas por el mundo. En España, el nombre que más ha sonado por todas las diócesis ha sido el del sacerdote argentino Justo Lofeudo, quien tiene adjudicados como territorios de misión España, Italia, Austria, Hungría y Croacia, con otros países del este de Europa en perspectiva.

Fue él quien hace ocho años lideró la misión de la primera capilla de Adoración Perpetua de Asturias, situada en la iglesia de las Esclavas de la calle Conde Toreno. Y él mismo sigue siendo quien, de nuevo en nuestra región, tras una estancia en Austria, ha vuelto para poner en marcha otra gran petición, la de la apertura de la segunda capilla en la diócesis, esta vez, en Avilés.

Es una idea “que venía madurándose desde hace mucho tiempo”, tal y como explica el propio Justo Lofeudo. “Han sido laicos y una religiosa los que han estado continuamente detrás de ello. De hecho, hace dos años ya estuve aquí y tuve un encuentro muy interesante con muchas personas que estaban interesadas en abrir en Avilés una capilla. Pero me fueron surgiendo otros compromisos en otros países y hasta ahora no he podido volver”, explica.

Ahora ha llegado el momento de poner en marcha de manera definitiva esta segunda capilla de la diócesis, motivo por el cual, el padre Justo Lofeudo lleva ya un par de semanas en Asturias trabajando. Una capilla que va a tener como sede la iglesia de San Antonio, que hasta hace poco dirigían los padres franciscanos. Son muchos ya los que se han querido adherir a esta iniciativa, deseada desde hace tiempo. Para ello, lo que se pide es “muy poco”, en palabras del propio sacerdote: “Básicamente consiste en dar una hora de su tiempo semanalmente. Una hora en una semana es menos del 1% de las horas que la componen. Es decir, nada. Sin embargo, puede ser mucho”, porque “con el poco de cada uno podemos hacer el todo”, señala. “La propuesta que se hace en la Adoración Perpetua es un gran intercambio. Yo doy una hora y se la entrego  al Señor. Eso es lo que se pide. Es muy poquito, pero con ese poquito de cada uno podemos llegar a construir una cadena que no se interrumpe, de amor y de fe, en torno a la Eucaristía”.

Y es que, según el padre Lofeudo, las gracias que se reciben con la Adoración Perpetua son muy numerosas. No significa que la oración sea siempre de consolación. “A veces la gente tiene miedo a qué hacer durante toda esa hora”, señala. “Pueden llegar momentos de oración árida, pero en ese caso, tendrá mucho valor porque esa aridez es una adoración de combate, que tiene mucho mérito”, asegura. “El primero que recibe beneficios es el adorador –afirma–. Ése recibe gracia sobre gracia, en la medida en que abra su corazón”.

“Con la adoración –continúa– yo recibo todo lo que debo dar y no puedo fabricarme a mí mismo, como es la paz. Cada capilla de adoración perpetua es un oasis de paz, y esto lo notan especialmente los que están alejados”, reconoce. “Ellos dicen muchísimo eso de esta paz yo no la conocía. Son muchísimos testimonios ya los que he escuchado en este sentido y todos unánimes”.

“Esa paz –describe–  la recibo para llevarla a mi entorno, a mi familia, donde yo me muevo. Me hago portador de la paz de Cristo”, señala el padre Lofeudo.

“Otros beneficiados son, además, aquellos que el adorador no conoce, pero que permite que se acerquen al Señor. Y es que cada adorador está permitiendo que las puertas de la capilla estén abiertas. Nosotros no podemos exponer al Santísimo si no estamos ante la certeza de que hay por lo menos una persona delante. Esta persona está garantizando esa permanencia de exposición y que las puertas estén abiertas. Hay personas que están alejadas y que se acercan gracias a esto. Primero, por una causa sobrenatural, claramente, porque Dios les llama. Pero además, por una causa natural: la iglesia está abierta y ya no hay obstáculo ninguno para entrar. Y entra, y se encuentra con el Señor, la Salvación. Porque siempre es un encuentro que te interpela, que te consuela y que te hace querer conocer y gustarlo”.

De esta manera, la iglesia de San Antonio se convierte en un “centro espiritual para la ciudad y sus alrededores”, tal y como ha afirmado el sacerdote Vicente Pañeda, párroco de Villalegre y arcipreste de Avilés,  “un lugar donde encontrar, en la vida diaria, una excelencia humana y cristiana, y la caridad, de las que tan necesitados estamos hoy en la Iglesia y en la sociedad”.

(Arzobispado de Oviedo)

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