VACACIONES ¿PARA QUÉ?

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella       Jesús, en un momento dado de su actividad apostólica y evangelizadora, dijo a los suyos, a los discípulos, después de que estos le contaran lo que habían hecho y enseñado: “Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco” (Mc 6, 31).

Todos los años por estas fechas me ha parecido oportuno hacer una reflexión sobre el sentido de las vacaciones y de cómo hemos de saber aprovecharlas con sentido común y con sentido cristiano.

Para empezar he de recordaros algo elemental: las vacaciones no son un tiempo para no hacer nada. Es un contrasentido, habida cuenta de nuestra identidad de seres hechos a imagen y semejanza de Dios, y que fuimos creados para trabajar. Y es así. Al igual que Dios hizo la obra de la creación, y de forma gráfica nos dice el Génesis que al séptimo día descansó, lo mismo hemos de hacer nosotros, colaborar en esa labor creadora, acabarla.
Por otra parte, el no hacer nada, “el estar mano sobre mano” como solemos decir, no sólo no descansa sino que positivamente agota. En vacaciones se trata de reposar. Ofrezco la descripción que un gran predicador hace de la palabra reposo. Dice: “Reposar es posar, hacer una pausa, y también depositar, dejar que se deposite todo aquello que en nuestra actividad, en nuestra vida, frecuentemente se convierte en una polvareda interior que impide ver claramente el sentido de la vida” (P. Raniero Cantalamessa).

Recuerdo que el año pasado os ofrecí el ejemplo que el Papa Francisco nos daba en el verano, una estación del tiempo que en Roma es particularmente agobiante, al que los romanos llaman de forma muy gráfica el ferragosto. ¿Qué hace el Papa en estos dos meses tan calurosos? Pues sencillamente reducir las exigencias de algunas tareas, seleccionando las ocupaciones, pero sacando, eso sí, adelante sus responsabilidades, ya que algunas son permanentes.

También ofrecí la imagen de las madres, de nuestras madres, que por mucho que apriete el calor no dejan nunca de velar por sus hijos y por su familia. Los atienden con el mismo cariño y con la misma atención que en el tiempo bueno, apacible, placentero. Para una madre no hay excusas ni pretextos para dejar de hacer la comida, lavar la ropa, planchar, limpiar la casa. No se dejan guiar nunca por el calendario: lo único que les motiva es el amor a los hijos y a la familia. También muchos padres – es de justicia reconocerlo – participan muy activamente en las tareas diarias del hogar, haga frío o calor, llueva o nieve.

El tiempo de vacaciones es igualmente un tiempo propicio para acrecentar nuestro trato con Dios. Aprovechemos para sacar unos ratos de oración a solas o con nuestros seres queridos, en la iglesia, en casa o en el campo. A propósito de la casa, y a modo de sugerencia, disponed de un pequeño rincón en la habitación de la casa donde se esté más a gusto; poned en sitio digno – aunque sencillo – una pequeña imagen de la Virgen, o una buen estampa y, sobre todo, poned los medios para los hijos pequeños, y no tan pequeños, recen con vosotros; enseñadles a leer la Palabra de Dios con el evangelio, que ellos lleven la iniciativa, que se sientan protagonistas. Aprenderán a disfrutar de vuestra compañía y de la compañía del Señor y de la Virgen. Aprenderán lo maravillosa que es la oración.

Y, ya para terminar, otra consideración sencilla y valiosa. A propósito de la reciente encíclica del Papa Francisco sobre la ecología integral, Laudato sí, la contemplación y el goce de la naturaleza nos permitirá entrar un poco más dentro de nosotros mismos, retomar las motivaciones profundas de la vida. Divertirse, disfrutar, distraerse, sí, pero no olvidemos que las vacaciones son un tiempo para valorarlo al máximo.
Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella,

Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.