El Papa abrazó a los muchachos del hospital «Niños de Acosta Ñú»

AFP4340288_LancioGrandeEmocionantes y tiernos los momentos que se vivieron este sábado 11 de julio en el hospital pediátrico “Niños de Acosta Ñú”, de la capital paraguaya, donde el Santo Padre Francisco saludó a los pequeños que viven allí, a sus familiares y a los miembros de personal. En el discurso, que había preparado con anterioridad y que fue entregado a los presentes, el Santo Padre les explicaba lo importante que son para Jesús los niños, por su alegría, confianza, fortaleza y su capacidad de aguante, “Son unos luchadores. Y cuanto uno tiene semejantes «guerreros» adelante, se siente orgulloso”.

A los familiares de los pequeños enfermos les aseguró que le alegra saber que se ayudan entre ellos, «saber que entre ustedes familias, se ayudan, estimulan, «palanquean» para salir adelante y atravesar este momento».

Palabras del Papa Francisco

Encontramos una escena en la que Jesús se enojó. Se enojó otras veces, pero una que se enojó mucho. Y se enojó con los que más quería, con los Apóstoles. Jesús se enojó una vez con los Apóstoles, ¿y saben por qué?: porque no dejaban que los chicos se acercaran. Para Jesús los chicos son muy importantes, hasta tal punto, que nos dice a todos los grandes, a todos ya los que somos grandes, nos dice: “Miren si ustedes en su corazón no se hacen como los chicos no van a entrar al Reino de los Cielos”. ¡Qué lindo! O sea, ¿qué quiso decirnos Jesús con eso?: hacernos humildes como los chicos, espontáneos como los chicos – (en referencia a un niño que se acercó) que no tuvo vergüenza de traerme acá esta tarta, ¡con toda espontaneidad¡, sin doblés. Los chicos son simples, son alegres. Eso es lo que quiere Jesús, que nos hagamos como los chicos. Así que aprendamos de este enojo de Jesús para que no se enoje con nosotros como se enojó cuando los Apóstoles.

Y otra cosa. Este es un hospital donde muchos chicos sufren y yo quiero decirle a ustedes, mamás y papás, que rezo por ustedes, y rezo por sus hijos, para que la Virgen esté muy cerca de ustedes, para que Jesús les de la salud a sus hijos y para que ustedes tengan esa fuerza y esa constancia que solamente tienen las madres y los padres. ¡Gracias!

Así que… También quiero agradecer a todos los que trabajan acá en este hospital, al personal. ¡Trabajo tan sacrificado! Médicos, enfermeros, enfermeras, empleados, todos, ¿para qué?: para que un chico se cure. ¡Es tan importante un niño en la vida! Muchas gracias a todo el personal de este hospital. Y también al capellán le agradezco lo que hace para acompañar a cada familia, a cada chico.

Y ahora les voy a dar la bendición a todos, a los que están acá, a los que están más lejos y a los que están adentro.

(En referencia a otro niño que se le acercó) Me dice: “Te regalo mi credencial para que me recuerdes”. ¡Eso es lo que quiere Jesús de nosotros!  ¡Seamos sencillos como este niño!

Vamos a rezar a María, a la Virgen de Caacupé.

Y les pido que recen por mí.

Discurso escrito del Papa entregado en el Hospital pediátrico

Gracias por el recibimiento tan cálido con el que me han recibido. Gracias por este tiempo que me permiten estar con ustedes.

Queridos niños, quiero hacerles una pregunta, a ver si me ayudan. Me han dicho que son muy inteligentes, por eso me animo. ¿Jesús se enojó alguna vez?, ¿se acuerdan cuándo?. Sé que es una pregunta difícil, así que los voy a ayudar. Fue cuando no dejaron que los niños se acercaran a Él. Es la única vez en todo el evangelio de Marcos que usó esta expresión (10,13-15) Algo parecido a nuestra expresión: se llenó de bronca. ¿Alguna vez se enojaron? Bueno, de esa misma manera se puso Jesús, cuando no lo dejaron estar cerca de los niños, cerca de ustedes. Le vino mucha rabia. Los niños están dentro de los predilectos de Jesús. No es que no quiera a los grandes, pero se sentía feliz cuando podía estar con ellos. Disfrutaba mucho de su amistad y compañía. Pero no solo, quería tenerlos cerca, sino que aún más. Los ponía como ejemplo. Le dijo a los discípulos que si «no se hacen como niños, no podrán entrar en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3)

Los niños estaban alejados, los grandes no los dejaban acercarse, pero Jesús, los llamó, los abrazó y los puso en el medio para que todos aprendieramos a ser como ellos. Hoy nos diría lo mismo a nosotros. Nos mira y dice, aprendan de ellos.

Debemos aprender de ustedes, de su confianza, alegría, ternura. De su capacidad de lucha, de su fortaleza. De su incomparable capacidad de aguante. Son unos luchadores. Y cuanto uno tiene semejantes «guerreros» adelante, se siente orgulloso. ¿Verdad mamás? ¿Verdad padres y abuelos? Verlos a ustedes, nos da fuerza, nos da ánimo para tener confianza, para seguir adelante.

Mamás, papás, abuelos sé que no es nada fácil estar acá. Hay momentos de mucho dolor, incertidumbre. Hay momentos de una angustia fuerte que oprime el corazón y hay momentos de gran alegría. Los dos sentimientos conviven, están en nosotros. Pero no hay mejor remedio que la ternura de ustedes, que su cercanía. Y me alegra saber que entre ustedes familias, se ayudan, estimulan, «palanquean» para salir adelante y atravesar este momento.

Cuentan con el apoyo de los médicos, los enfermeros y de todo el personal de esta casa. Gracias por esta vocación de servicio, de ayudar no solo a curar sino a acompañar el dolor de sus hermanos.

No nos olvidemos, Jesús está cerca de sus hijos. Está bien cerca, en el corazón. No duden en pedirle, no duden en hablar con Él, en compartir sus preguntas, dolores. Él esta siempre, pero siempre, y no los dejará caer.

Y de algo estamos seguros y una vez más lo confirmo. Donde hay un hijo está la madre. Donde está Jesús está María, la Virgen de Caacupe. Pidamosle a ella, que los proteja con su manto, que interceda por ustedes y por su familias.

Y no se olviden, de rezar por mí. Estoy seguro que sus oraciones, llegan al cielo.

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