¡Salve, Estrella de los mares!

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      Es obligado, en cuanto hemos tenido conocimiento del texto, hablar de la Carta Encíclica Laudato si, ir dando noticia de su contenido con esta ocasión tan perfecta como es la próxima fiesta mariana del Carmen. Nuestra Señora atenta «al Mar Océano» y a los que trabajan en el mar. La «Estrella de los Mares» donde cielo, mar y tierra confluyen para dar ocupación, ojalá que ocupación estable, a tantísimas familias que se desenvuelven en el entorno de la pesca y de las industrias navieras.

Dice el Papa: «María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. Así como lloró con el corazón traspasado la muerte de Jesús, ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano. Ella vive con Jesús completamente transfigurada, y todas las criaturas cantan su belleza. Es la Mujer “vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 12, 1). Elevada al cielo, es Madre y Reina de todo lo creado. En su cuerpo glorificado, junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura. Ella no sólo guarda en su corazón toda la vida de Jesús, que “conservaba” cuidadosamente (cf Lc 2, 19.51), sino que también comprende ahora el sentido de todas las cosas. Por eso podemos pedirle que nos ayude a mirar este mundo con ojos más sabios».(Laudato si, 241)

Estrella, Madre y Reina de todo lo creado…, nombres mil para hablar de Nuestra Señora y que, si alguna vez ha sido utilizado por alguien para encumbrar a la comunidad cristiana sobre los demás, ahora sabemos que la grandeza de la Virgen María está en su llegada a la plenitud de la criatura junto a su Creador, Dios mismo. El papa Francisco lo dice con toda exactitud: «junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura». Quiero hacer notar el alcance de la afirmación, que va más allá de la grandeza de la persona de la Virgen María aisladamente, pues en Ella «parte de la creación alcanzó la plenitud de su hermosura».

Ojalá, cada uno de nosotros nos comprendamos como parte de la Creación que en el seguimiento de su Hijo, no entra dentro de nuestras pretensiones el dominar a los demás, y menos utilizar la Creación a nuestro antojo, sino que busquemos hacer realidad aquello del Señor: «sed perfectos como nuestro Padre Dios es Perfecto» de crecer en perfección humana «hasta alcanzar a Cristo» en terminología de San Pablo.

Añade el Papa la figura de san José en su misión de proteger, ayudar y servir: «Junto con ella, en la familia santa de Nazaret, se destaca la figura de san José. Él cuidó y defendió a María y a Jesús con su trabajo y su presencia generosa, y los liberó de la violencia de los injustos llevándolos a Egipto. En el Evangelio aparece como un hombre justo, trabajador, fuerte. Pero de su figura emerge también una gran ternura, que no es propia de los débiles sino de los verdaderamente fuertes, atentos a la realidad para amar y servir humildemente. Por eso fue declarado custodio de la Iglesia universal. Él también puede enseñarnos a cuidar, puede motivarnos a trabajar con generosidad y ternura para proteger este mundo que Dios nos ha confiado» (LS 242).

Que nos oriente la Estrella de los mares y nos proteja Ella «que también comprende ahora el sentido de todas las cosas». Tengamos empeño en leer la carta del Papa para ofrecer su inmensa riqueza a las gentes de nuestro tiempo es, sin duda, crucial para esta encrucijada de la Historia humana.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Articles
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.