Tiempo de vacaciones

Cesar_Franco_SegoviaMons. César Franco            La llegada del tiempo de vacaciones es siempre estimulante. Viajar, cambiar de ambiente y de actividad, descansar, disfrutar de la naturaleza, son posibilidades que vienen espontáneas a nuestra mente a la hora de planificar nuestras vacaciones.

La verdad es que no es fácil organizar el tiempo libre. Sometidos durante once meses del año al horario estricto del trabajo, estudio y dedicación a nuestras obligaciones, el tiempo libre reta a nuestra libertad, y nos encontramos inermes ante la decisión de qué hacer, cómo aprovechar las vacaciones para nuestro crecimiento como personas y, si tenemos fe, como creyentes. Con frecuencia, cuando no disponemos de ese tiempo libre, pensamos en lo que podríamos hacer si lo tuviéramos; pero, cuando llega, caemos en la tentación de sucumbir al ocio. Y el ocio es siempre malo. No es sinónimo de descanso ni de cambio de actividad, sino de relajación que deja al espíritu a la intemperie y proclive al asalto de la pereza, la inacción y la desidia. Recordemos el dicho: la ociosidad es madre de todos los vicios. No se me olvidará nunca lo que me dijo un niño a la vuelta de sus vacaciones, cuando le pregunté si había ido a misa. Con toda naturalidad me espetó: No, claro, en vacaciones hay que descansar.

La libertad del hombre se pone a juego cuando tiene la capacidad de organizar su tiempo libre. Es entonces cuando aparecen los verdaderos intereses de la persona, aquellos que estimulan su personalidad para crecer siempre en su condición humana, personal y social. La persona necesita descansar, desde luego. Pero el descanso no está reñido con la actividad, aunque sea de una índole distinta de la que habitualmente llena nuestro tiempo. Benedicto XVI decía que el descanso es necesario para reposar la mente y el cuerpo, sometidos diariamente a un cansancio continuo, dado el ritmo frenético de la existencia moderna. También descansamos cuando dedicamos más tiempo a la oración, esa oración que habitualmente dejamos porque tenemos otras cosas «más urgentes e importantes» que hacer. Cuando tenga más tiempo, decimos, rezaré más. Pero con frecuencia, esto no se cumple. Damos preferencia a la diversión, a las relaciones sociales, a la dispersión de nuestros sentidos.

También las vacaciones, recordaba Benedicto XVI, constituyen una preciosa oportunidad para estar un tiempo más largo con los familiares, para encontrar a los parientes y amigos, en una palabra, para dar más espacio a aquellos contactos humanos que el ritmo  de los compromisos de cada día impide cultivar como se desearía. ¡Cuántas veces durante el año echamos de menos hablar más con los que amamos, comunicarnos, hacernos la vida más feliz! ¡Tiempo hermoso el que damos a otros y les permitimos profundizar en la relación personal! Tiempo para la amistad, la comunicación, la mutua ayuda. Tiempo también para la caridad con los que no tienen vacaciones, los mayores que viven en soledad, los que esperan que alguien les regale tiempo para oírles y recibir algo de cariño.

El tiempo es de Dios. Precisamente por eso debemos organizarlo con responsabilidad y no dejar que se escape de nuestras manos. Vacaciones, sí, por supuesto. Pero con programa, con sentido e inteligencia, con afán de aprovechar toda oportunidad que me sirva para crecer, para disfrutar de la belleza de la naturaleza, del arte, de la familia y de la amistad. Y, desde luego, para no dar vacaciones a Dios como si éste fuera una obligación de la que uno se libera cuando puede organizar el tiempo a su medida. Vacaciones, sí, pero cerrando las puertas al ocio, que sólo trae dispersión, acedia y aburrimiento. Solo viviendo así, mostraremos que somos libres y que sabemos organizar y disfrutar de ese tiempo que llamamos libre.

+César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).