En comunión con el Papa, sucesor de San Pedro (y 2)

vivessiliaMons. Joan E. Vives      Continuamos la reflexión sobre el amor y obediencia al Santo Padre, en la vida de la Iglesia, y continuamos orando por el Papa Francisco, que es el número 266 de los Sucesores del apóstol Pedro. Nos mantenemos unidos a él, como siempre hacemos cuando celebramos la Eucaristía y sabiendo que el Papa «preside la caridad de todas las Iglesias», según afirmaba S. Ignacio de Antioquía.

Hoy nos centramos en las facultades de gobierno y de guía del Papa, siempre al servicio de la unidad y la caridad. El gobierno que ejerce está al servicio de su ministerio de unidad y de supremo pastor de la Iglesia. Así, el Papa tiene la facultad de realizar los actos de gobierno eclesiástico necesarios o convenientes por el bien de la Iglesia. Entre estas funciones están, por ejemplo, nombrar, trasladar y dar el mandato para ordenar obispos o confirmar la elección, establecer diócesis y otras estructuras pastorales para la atención de los fieles, promulgar leyes para toda la Iglesia, aprobar institutos religiosos supradiocesanos, etc. Y el Papa gobierna de diferentes maneras, según las circunstancias y los tiempos. El primado del Papa no fue obstáculo para la unidad de los cristianos durante el primer milenio. La primacía del obispo de Roma fue reconocida por todos desde el principio; los primeros testimonios documentales se remontan al siglo I, cuando la Iglesia de Corinto recurrió al Papa S. Clemente para que dirimiera unas disputas internas. Las aclamaciones a la carta dogmática enviada por el Papa León Magno al Concilio de Calcedonia (451) – «¡Pedro ha hablado por boca de León!»– atestiguan hasta qué punto el primado pontificio era garantía para todos los cristianos, occidentales y orientales, de la unidad en la fe. Fueron hechos posteriores los que motivaron la ruptura de la unidad, primero en Oriente, con el Cisma de 1054, y luego en Occidente, con la Reforma protestante, que comienza el 31 de octubre de 1517, en Wittenberg, Sajonia (Alemania), cuando Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la Iglesia de Todos los Santos. Por ello S. Juan Pablo II alentó a todos los cristianos a poner la mirada en el primer milenio, con el fin de encontrar caminos para superar las divisiones eclesiales.

El Papa puede siempre intervenir para mantener la unidad de la fe y la comunión eclesial. Pero las formas concretas de ejercer su autoridad pueden variar en cada momento histórico, según lo exija el bien de la Iglesia. Para disipar las reservas de los no católicos hacia el primado papal, S. Juan Pablo II se refirió, en su encíclica sobre el ecumenismo «Ut unum sint» (1995), a la necesidad de «encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva» (n. 95). Y tomó la decisión inaudita de pedir sugerencias, incluso a las comunidades cristianas no católicas, invitando a «todos los pastores y teólogos de nuestras Iglesias para que busquemos, por supuesto juntos, las formas con las que este ministerio pueda realizar un servicio de fe y de amor reconocido por unos y otros» (n. 95). El Papa Francisco lo está retomando con fuerza.

Cataluña siempre se ha distinguido por un gran amor al Papa y a la Sede de Pedro, desde los inicios, en la Edad Media, y llegando al siglo XIX cuando, despojado el Papado de sus bienes, los Obispos de Cataluña, con el venerable Dr. Josep Torras i Bages a la cabeza, hicieron mucho por ayudarle económicamente en su nueva situación. Hoy toda la Iglesia tiene el deber de orar por el Papa y ayudarle, para que pueda realizar su misión en favor de la Iglesia Universal, al servicio de la Paz en la tierra, y para implantar la justicia y la solidaridad con los más pobres.

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell

Mons. Joan E. Vives
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Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).