La Conferencia Episcopal Panameña concluye su Asamblea Plenaria número 202

Comunicado de la Conferencia Episcopal Panameña al término de la Asamblea Plenaria Número 202

Los Obispos de la Iglesia Católica en Panamá nos hemos reunido en la segunda Asamblea Ordinaria Anual, entre el 29 de junio y el 3 de julio de 2015, para analizar, reflexionar e iluminar la realidad eclesial y social del país. Esto no hubiese sido posible sin el acompañamiento y la ayuda de muchos colaboradores y de quienes trabajan en los diversos servicios de la Conferencia Episcopal así como de los comunicadores que cubren este acontecimiento a través de los diferentes medios de comunicación social.

Acogemos con gozo la nueva designación que el Santo Padre ha realizado en nuestro hermano Uriah Ashley como nuevo Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis. Agradecemos el trabajo y la entrega desempeñados en estos veintiún años en la Diócesis de Penonomé. Gracias también a Mons. José Dimas Cedeño Delgado por asumir la designación como Administrador Apostólico mientras se hace la elección del nuevo obispo.

Nos unimos al gozo de la Iglesia y del pueblo salvadoreño, y de toda América Latina por la reciente beatificación de Mons. Óscar Arnulfo Romero, modelo de pastor que nos edifica con su vida cristiana y su martirio, cuando celebraba la Eucaristía aquel 24 de marzo hace 35 años, nos recuerda nuestro compromiso de entrega hasta dar la vida si es necesario por el Evangelio

1. Encuentro Mundial y Sínodo de la Familia. Defensa del matrimonio

La Iglesia Católica se prepara para celebrar el  VIII Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar en Filadelfia (Estados Unidos) del 22 al 27 septiembre próximo bajo el lema »El amor es nuestra misión: La familia plenamente viva». Posteriormente, del 4 al 21 de octubre, se celebrará la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos con el tema “la vocación y la misión de la Familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”.

Estos dos eventos impulsados y presididos por el Papa Francisco, buscan encontrar caminos para acompañar y animar a las familias, especialmente en estos momentos en que esta célula fundamental de la Iglesia y la sociedad está bajo los ataques de determinadas ideologías.

Estamos en la obligación de salir en la defensa de la institución de la Familia y del Matrimonio, célula fundamental de la sociedad.  Esta defensa es responsabilidad de todos, en especial de los que ejercen el poder público, así como las organizaciones de la sociedad civil, que incluye a los miembros de la Iglesia católica y a todas las confesiones religiosas, de todas las personas de buena voluntad y a los responsables de los medios de comunicación social.

Lo anterior conlleva promover, preservar y proteger el matrimonio según el Plan de Dios, como ha sido entendido y vivido por generaciones y ha servido al bienestar común de la sociedad. El matrimonio existe para que los esposos puedan crecer mutuamente en el amor y por la generosidad de su amor traigan hijos para servir plenamente en este mundo.

Vemos con preocupación actitudes ambiguas de algunas autoridades y líderes de nuestro mundo, que inclusive se llaman cristianos, que parecieran dejarse llevar por modas del momento. “No podemos ceder a los falsos profetas que todo lo toleran, con tal de quedar bien con cierta opinión pública, sino ser fieles al plan de Dios sobre el matrimonio, y a la vez muy sensibles a los sufrimientos de las personas. Tampoco hemos de ser fariseos legalistas y condenar lo que no concuerda con nuestro tradicional modo de pensar, sino ponernos en el lugar de esas personas y ayudarles como lo haría Jesús”, nos advertía el Papa Francisco.

Hoy estamos dispuestos a presentar el evangelio de la familia: la buena noticia del amor divino que es proclamada a todos los que viven esta fundamental experiencia humana personal, de pareja y de comunión abierta al don de los hijos, que es la comunidad familiar, la cual debemos fortalecer, promover y defender.

2.  Año de la Misericordia y reconciliación nacional

El Papa Francisco nos ha convocado a celebrar el Año de la Misericordia, que se abrirá el próximo 8 de diciembre, fecha en que se cumple el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II,  y se concluirá en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016.

“En este Año Jubilar estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. ¡Cómo es difícil muchas veces perdonar!” “Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia” (Mt 5,7) es la bienaventuranza en la que hay que inspirarse durante este Año Santo.

Este año de gracia deberá servirnos para construir un Panamá por los caminos del perdón y de la reconciliación entre todos. Sabemos que no se puede construir la paz sin la verdad y la justicia, por eso las personas y los pueblos no pueden vivir en el engaño, ni en la mentira, ni ocultando la luz debajo de una alfombra. Es imprescindible iniciar un proceso de perdón y reconciliación, conociendo la verdad de los hechos que sirva para cerrar páginas dolorosas en nuestra historia y para que los errores del pasado no los volvamos a repetir.

Perdonar no implica ignorar los actos cometidos, demanda pedir perdón y sobre todo decir la verdad de aquello que aún no conocemos: ¿Dónde está P. Gallego? ¿Qué sucedió con los muertos de la invasión? ¿Dónde están los desaparecidos de la época militar?

3. Nueva Encíclica del Papa Francisco. Protección de nuestros recursos. 

La nueva encíclica Laudato Si’, del Papa Francisco es un clamor ante el «maltrato» que las sociedades han dado al planeta durante los últimos dos siglos. En esta carta denuncia la «debilidad» de la reacción política internacional y propone unos nuevos hábitos de consumo para que la Tierra no se convierta en «un inmenso depósito de porquería».

La encíclica señala que otro de los problemas acuciantes es «la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca muchas muertes todos los días» y advierte sobre la falta de conciencia evidente en conductas como «gastar y tirar» hasta «niveles inauditos» este recurso vital.

El Papa, además de las grandes exigencias, plantea algunas propuestas sencillas y al alcance de todos: evitar el uso de material plástico y de papel, apagar las luces, reducir el consumo de agua, reciclar, cocinar solo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas.

También critica todas aquellas políticas que en lugar de resolver los problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, «atinan solo a proponer una reducción de la natalidad» con «presiones internacionales a los países en desarrollo, condicionando ayudas económicas a ciertas políticas de ‘salud reproductiva'». Para el Papa, la «culpa» no es del aumento de la población sino del «consumismo extremo de algunos».

Ya en este suelo panameño estamos viviendo los impactos del cambio climático, a causa de la crisis ecológica por la devastación de manglares, bosques, la utilización de productos altamente perjudiciales en la agricultura, el agotamiento de las fuentes hídricas, entre tantos otros.

Nos hacemos eco al llamado del Papa sobre “El desafío urgente de proteger nuestra casa común que incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”. Urge que en esta materia se de una concertación y plan de desarrollo nacional.

4. Corrupción, justicia, debido proceso.

Los casos de corrupción que se han hecho públicos, derivados de la codicia y la avaricia humana, han provocado alarma social y despiertan gran preocupación en muchos sectores. Estos casos han alterado el normal desarrollo de la actividad económica en nuestro país hasta el punto que han sembrado la desconfianza social y las instituciones del gobierno se han visto seriamente afectados.

Creemos importante reiterar que es imprescindible la investigación, respetando el debido proceso y la presunción de inocencia, hasta llegar a la conclusión de los casos para una justicia imparcial.

Sin embargo, el país no se debe paralizar ante estos hechos, los procesos deben seguir sus cursos, las instituciones de justicia deben hacer su trabajo para recuperar la confianza perdida.

Aún la inequidad social, tiene sumidos a grandes sectores de nuestra población en la pobreza y hasta pobreza extrema, lo cual afecta a las relaciones familiares y sociales. No podemos ser actores pasivos de los sufrimientos y dolores de nuestro pueblo.

El Papa Francisco ha manifestado que es “imposible imaginar un futuro para la sociedad sin la participación protagónica de las grandes mayorías y ese protagonismo excede los procedimientos lógicos de la democracia formal”.

Una parte creciente de la ciudadanía entiende que está capacitada y preparada para hacer algo más que meter una papeleta en una urna cada cierto tiempo para cambiar apenas algo. Una parte del público quiere participar en política entendida como decisión colectiva sobre el bien común. En este doble mejor escenario de la política está en juego la capacidad del sistema democrático para satisfacer esta creciente demanda de participación.

En esa misma dirección el Papa afirma que es necesario “superar el asistencialismo paternalista” y pensar nuevas formas de “participación que incluya a los movimientos populares y anime las estructuras de gobierno local, nacional e internacional con ese torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común. Y esto con ánimo constructivo, sin resentimiento, con amor”. (Encuentro mundial de movimientos populares, 14 de octubre de 2014).

Debemos continuar insistiendo en trabajar en la formación de las conciencias y formación de líderes, sobre la cultura de la honestidad y la trasparencia, de lo ético y lo legal, que ayuden al bien común, buscando los medios necesarios para denunciar y combatir todas las formas de corrupción.

Tampoco olvidemos que «entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta siempre hay una opción posible: el diálogo (…) Cuando los líderes de los diferentes sectores me piden un consejo, mi respuesta siempre es la misma: Diálogo, diálogo, diálogo. El único modo de que una persona, una familia, una sociedad, crezca; la única manera de que la vida de los pueblos avance, es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar, y todos pueden recibir algo bueno a cambio (…) Hoy, o se apuesta por el diálogo, o se apuesta por la cultura del encuentro, o todos perdemos, todos perdemos. Por aquí va el camino fecundo. (Francisco a las clases dirigentes de Brasil, Río de Janeiro, 27 de julio 2013).

Que Santa María La Antigua nos acompañe, anime y guíe nuestro caminar.

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