Lourdes, la alegría de la misión

casimirolopezMons. Casimiro López Llorente          Queridos diocesanos:

El pasado fin de semana, hemos peregrinado como Iglesia diocesana al Santuario de Lourdes junto con la Hospitalidad diocesana y otros muchos peregrinos. Las palabras «Lourdes, la Alegría de la Misión» han ido marcando estos cuatro intensos días. Este lema propuesto por el Santuario era una fuerte invitación a convertirnos en discípulos misioneros, como nos ha pedido el Papa Francisco en su exhortación apostólica: “La alegría del Evangelio”.

Como Bernardita hemos ido al encuentro con nuestra Madre, y ella nos ha llevado al encuentro con Aquel que disipa la tristeza, la desconfianza, el cansancio y el derrotismo que tan a menudo impregnan nuestras vidas.

Benedicto XVI nos dijo: «No se co­mienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el en­cuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizon­te a la vida y, con ello, una orientación decisiva». Y el papa Francisco nos invita a todos a este encuentro con Jesucristo vivo, que llena de alegría, cambia la vida e impulsa a comunicar lo vivido.

En el ambiente único del Santuario de Lourdes y en torno a Maria hemos podido experimentar el encuentro real con Jesucristo resucitado. En la oración personal y comunitaria, en el rezo meditado del rosario, en la escucha de la Palabra de Dios y en las celebraciones de las eucaristías, en los gestos de verdadera caridad con los enfermos y los peregrinos, Jesús mismo, presente entre nosotros, nos atraía hacia si llenando nuestros corazones de una auténtica alegría; y en el sacramento de la Penitencia pudimos experimentar el gozo profundo y her­moso de su misericordia y de su perdón. Quien se ha dejado encontrar por Cristo resucitado estos días, ha sentido cómo quedaba transformada toda su per­sona y cómo él nos unía como discípulos suyos. Porque si la experiencia de encuentro personal con Jesús es genuina, restaura radical­mente nuestro ser, nuestro pensar, sentir y actuar. Hemos visto cómo ha cambiado nuestro ánimo, y hemos pasado de la tristeza y de la desesperanza a la ale­gría y a la esperanza. Y la alegría del encuentro nos impulsa a anunciar aquello que hemos gustado y a compartir  con alegría la experiencia de salvación que hemos vivido estos días.

Porque, en efecto, es una alegría habernos encontrado o reencontrado con el Señor; es motivo de gozo ser y sentirnos de nuevo discípulos de Cristo en la gran familia de los cristianos, su Iglesia; y es motivo de inmenso gozo habernos sentido de nuevo enviados por Él para llevar con alegría el tesoro de su Evangelio a todos: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28,19-20). Porque ser cristiano, discípulo misionero, no es una carga, sino un don: Dios Padre os ha bendecido en Jesucristo, su Hijo, Salvador del mundo.

Este encuentro renovador con Cristo Jesús nos impulsa ahora a comunicarlo a otros. Como nos dice San Pablo: «¿cómo oirán hablar de Él sin nadie que les anuncie?». En ocasiones, quizá por miedo o el escaso vigor de nuestra experiencia del encuentro con Cristo escondemos esa perla preciosa que, sin mérito alguno, hemos recibido. Haga­mos nuestras las palabras de Jesús: «Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis» (Mt 10,8).

Pidamos a la Virgen de Lourdes que nos enseñe a llevar a otros al encuentro personal y salvador con su Hijo, como ella lo hizo con Bernardita. Que el Señor nos conceda la gracia de ser discípulos misioneros suyos y sepamos trasmitir con alegría a otros el don que gratis hemos recibido.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
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Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.