Cristianos con futuro abierto

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris     No quiero quitar importancia ni dejar de expresar la pena que producen algunas cosas que pasan y que son del dominio público. La temperatura moral que nos rodea no es precisamente alta y hay que denunciarla, teniendo en cuenta la advertencia evangélica de mirar también quién está libre de pecado para empezar a tirar piedras. Ciertamente hay circunstancias negativas, pero también las hay favorables.

Los cristianos hemos descubierto en Jesús el sentido trascendente de la vida y tenemos que anunciarlo y animar el desarrollo ético del mundo, estimulando todo lo positivo que se esconde en el interior de las personas. Entre todos tenemos que hacer que la sociedad que vamos construyendo tenga más calidad y fundamentos más sólidos y nobles. Somos servidores de esperanza: una esperanza que es confianza en la fidelidad de Dios que cumple siempre lo que promete. Se apoya en la presencia permanente de Jesucristo y de su Espíritu en la Iglesia y nos pide colaboración responsable.

Cuando escuchamos en el evangelio: «Dios envió al ángel Gabriel…» estamos afirmando que Dios ha tomado la iniciativa. «El Espíritu Santo vendrá sobre ti…»: estas palabras son como un sacramento de la iniciativa de Dios, es el tiempo del Espíritu Santo que es el tiempo de la Iglesia, nuestro tiempo, en el que Él tiene la iniciativa. Pero ha querido contar con nosotros.

Es necesaria nuestra docilidad, porque Dios actúa en la historia mediante nosotros. Y esta docilidad («He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra») no es una docilidad inoperante. Está al servicio de la iniciativa de Dios y al mismo tiempo cargada de creatividad, ocurrencias, sacrificios, proyectos, dedicación. Sabemos que el primer efecto de la docilidad de María es la visita a ayudar a su parienta Isabel: un buen ejemplo de iniciativa y servicio. Y después, toda su maternidad con todas las aventuras: el exilio, las preocupaciones para dar de comer, para educar…

En nuestra vida las cosas son así: ser dóciles al Espíritu es poner en marcha todas nuestras cualidades. No las tenemos para que duerman sino para usarlas al máximo. Y todos los dones que hemos recibido los tenemos que poner al servicio de la iniciativa fundamental del Espíritu, que nos debe llevar a lo que hoy llamamos la ‘inculturación’ del Evangelio. Tal como ocurrió en la experiencia de María («La Palabra se hizo Carne…»), todos los esfuerzos que podamos hacer bajo la potencia del Espíritu llevan con ellos la eficacia de la Encarnación. Es una tarea difícil pero importante, y muy necesaria para poder compartir la alegría del Evangelio. Pero siempre será fruto de estos dos pasos: Dios que interviene y los cristianos dóciles que se entregan al servicio total de las iniciativas del Espíritu en favor de la humanidad.

Mirando a María, nosotros recibimos una gran lección de actividad pastoral, de esperanza, de certeza, que pasa a través de nuestra pequeñez y nuestras incapacidades. Siempre será más lo que falta que lo que hemos logrado. Por ello, está claro que tenemos un futuro abierto.

Recibid el saludo vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.