SAN PEDRO Y SAN PABLO

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol       Los santos Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia, no se conocieron durante la vida de Jesucristo en la tierra, pero sí después de su ascensión a los cielos.

Pedro trató íntimamente a Cristo, le siguió desde el principio cuando él mismo y Andrés fueron llamados mientras pescaban. El encuentro decisivo con el Señor lo tuvo Pedro en Cesarea de Filipo. Fue allí donde confesó que aquel que la gente veía como un profeta era el Hijo de Dios vivo. Y también allí cuando él mismo fue investido con la máxima autoridad, la primacía apostólica.

El encuentro de Pablo con Jesucristo fue, en cambio, años más tarde, en el camino de Jerusalén a Damasco, casi a las puertas de esta ciudad, a la que se dirigía para encarcelar a los cristianos. Su columna avanzaba por el desierto cuando de repente se produjo un gran resplandor que le derribó a tierra y, sobre todo, le derribó de sus prejuicios contra los seguidores de Cristo.

Después de un tiempo, Pablo fue a Jerusalén a ver a Pedro y someterse a su autoridad. No obstante, más adelante, a propósito de las obligaciones que convenía imponer a los conversos, Pablo hizo ver a Pedro en otro encuentro, el desacierto en esta cuestión. Y al final de sus vidas, los dos apóstoles coinciden en Roma donde, después de una vida de testimonio de la fe, son martirizados.

La doble fiesta que celebramos el 29 de junio, nos recuerda que hemos de rezar por el papa Francisco, sucesor de Pedro como guía en la Iglesia universal, y nos anima a la tarea apostólica, en la que Pablo fue un gigante, de extender la Buena Noticia por el mundo. Si Chateaubriand, hablando de la ocupación de Francia por Napoleón partiendo de la isla de Elba, se maravillaba de “la invasión de todo un país por un solo hombre”, de Pablo podría decirse que invadió todo el Imperio romano. Y no olvidemos sus huellas y su influencia doctrinal que llegan hasta nosotros, la Tarraco del Imperio romano.

En la Plaza de San Pedro resultan familiares las dos estatuas de San Pedro y San Pablo frente a la basílica. Pienso que también en nuestra vida cristiana deberíamos tenerlos como referente. Son guías de la fe cristiana, modelo para todos los tiempos y pilares en los que se fundamenta la Iglesia que Dios quiso fundar para prolongar su presencia en la tierra y redimir a las generaciones de todos los tiempos.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.