El día del Papa en la Iglesia

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     En la solemnidad de San Pedro y San Pablo, que es mañana, celebramos el Día del Papa, dando gracias a Dios porque ha dispuesto así las cosas. La ininterrumpida sucesión de los obispos que vienen después de san Pedro en la Iglesia de Roma, nos ha garantizado la presencia de Jesucristo Resucitado en su Palabra, en los Sacramentos y en el amor del Mandato nuevo: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado».

«Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Con el paso de los años, los que hemos podido conocer seis o siete Papas, recibir el testimonio personal de su entrega y estudiar el contenido de sus enseñanzas: palabras y hechos, podemos asegurar la cohesión y continuidad, salvados los acentos exigidos por las circunstancias socio-históricas, que han posibilitado la vida de la Iglesia en todos los rincones de la Tierra. ¡Qué maravilla!

Especialmente estos cincuenta años últimos, convocatoria y realización del Concilio Vaticano II incluidas, unido al desarrollo posconciliar, han marcado el ritmo de la evangelización de este complejo momento de la historia humana, poniendo a la Iglesia en las mejores condiciones para ser el testigo en esta aldea global, brindando la esperanza permanente de que hay salida para sus muchos y complicados problemas por los que estamos atravesando.

Los detractores habituales de la Iglesia, a veces mostrando bastante ignorancia de lo que los Papas nos han dicho, se emplean a fondo para mostrar las diferencias y marcar alabanzas según sus preferencias e intereses. Por eso ahora, que lo tenemos todo en Internet, hay que invitarles a un ejercicio muy sencillo: una lectura pausada, simplemente, del último documento de Papa Francisco, donde podrán observar continuas citas literales del magisterio de sus predecesores.

Dicho esto el “mejor” Papa es el que tenemos hoy, el que nos regala nuestro Padre Dios en cada momento para mostrar a su Hijo en el obispo de Roma, y darnos ese continuo ventarrón del Espíritu Santo que ahora podemos apreciar en el papa Francisco, repito, dichos y hechos. Así nos podemos entregar gustosos a la puesta en práctica de sus orientaciones y de sus gritos proféticos que nos mantiene vivos y preparados para «dar razones de nuestra fe a los que nos las pidiere».

Desde esta unidad maravillosa que se produce con las diferencias complementarias de Pedro y Pablo, y especialmente en esta Solemnidad, en este Día del Papa, celebremos la Eucaristía, la Acción de Gracias, uniendo nuestro sacrificio personal al de Jesucristo por la salvación de nuestros hermanos, los varones y mujeres de nuestro tiempo. Con Pedro y bajo la guía de Pedro obedecemos, sí, entregamos lo más valioso de nosotros mismos que es la vida que Cristo nos ha regalado, y que nos ha hecho cristianos, testigos concretos de ese amor universal que el Espíritu Santo hace “Católica” una misma Casa de familia donde todos cabemos, salimos y entramos con los que quieran. Si me permitís destacar un acento que está poniendo el papa Francisco hablemos de «Misericordia» que a todos nos llama, pues tenemos mucho de lo que ser perdonados y así cambiados, renovados, salir a llevar a los más desfavorecidos el consuelo de su defensa, de su integración personal y social apostando por la radical dignidad con la que los de la Casa hemos sido agraciados. Nuestra experiencia personal del amor de Dios en nuestras miserias se debe convertir en esperanza firme de los que nada tienen porque han sido excluidos, descartados de este sistema económico y social.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Articles
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.