LA ENCICLICA LAUDATO SI’ DEL PAPA FRANCISCO

Mons. Salvador Gimenez VallsMons. Salvador Giménez     Entre las tareas que tiene un obispo, aunque no sea la más importante, aparece con claridad la de informar de los aspectos más relevantes de la Iglesia universal. La pretensión es evidente: ayudar a todos los diocesanos a mantener la comunión eclesial, a participar de las preocupaciones del Santo Padre y a querer cada día más a la Iglesia que nos ama como madre y nos enseña como una buena maestra.

Hoy, como he hecho otras veces, deseo dar a conocer la carta-encíclica del papa Francisco que se hizo pública el pasado jueves, 18 de junio. El título es Laudato si’ que hace referencia a las primeras palabras de san Francisco de Asís en su Cántico de las criaturas, Alabado seas, mi Señor por… recordando a todos la importancia de la alabanza y la gloria a Dios por todo lo creado y dándole gracias por el amor que nos manifiesta y por el servicio que cada una de ellas nos presta a los seres humanos, sus hijos.

Con fecha 16 de junio recibíamos los obispos una nota manuscrita del mismo Papa, adjuntando la referida carta, que decía:

            Querido hermano:
En el vínculo de la unidad, de la caridad y de la paz (LG 22) en el que vivimos como Obispos, te envío mi
carta Laudato si’ sobre el cuidado de nuestra casa común, acompañada por mi bendición.
Unidos en el Señor, y por favor no te olvides de rezar por mí,

Franciscus
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Me parece que la intención del Santo Padre era obviamente contar con el servicio de todos los obispos del mundo para que los cristianos tuvieran noticia cuanto antes de sus preocupaciones y conseguir un efecto multiplicador en la información.

El contenido de la encíclica se centra en la preocupación por el cuidado y la conservación de toda la creación que Dios ha puesto en manos del ser humano a quien el Papa pide responsabilidad y respeto para tratarla. Está dividida en seis capítulos con títulos muy sugerentes y con diversos apartados que despliegan la perenne tradición de la Iglesia y los avances científicos de la actualidad, los contenidos básicos y las actitudes que el ser humanos debe mantener con la naturaleza, las consecuencias de la fe y de la moral católica y la vinculación a otras tradiciones religiosas.

El primer capítulo se desarrolla en torno al concepto de ecología integral, como paradigma capaz de articular las relaciones fundamentales de la persona: con Dios, consigo misma, con los demás seres humanos y con la creación. Es una especie de recorrido que empieza por la escucha de la situación a partir de los más recientes conocimientos científicos disponibles hoy, para “dejarnos interpelar en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual que sigue: la ciencia es el instrumento privilegiado a través del que podemos escuchar el grito de la tierra”.

El segundo retoma la riqueza de la tradición judeo-cristiana con una elaboración teológica basada en los textos bíblicos. El siguiente se dirige a hacer un análisis de las raíces de la situación actual para entender no sólo los síntomas, sino también las causas más profundas. El capítulo cuarto señala que el objetivo es elaborar las bases de una ecología integral que comprenda “el lugar específico que el ser humano ocupa en este mundo y sus relaciones con la realidad que le rodea”. En el siguiente el Papa propone una serie de líneas de renovación de la política internacional, nacional y local, de los procesos de decisión en el ámbito público y de iniciativa privada, de la relación entre política y economía y entre religiones y ciencias, basadas en un diálogo transparente y honesto. Termina con el capítulo sexto proponiendo “algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana” y ofreciendo el texto de dos oraciones, la primera para compartir con los creyentes de otras religiones y la segunda entre los cristianos.

Durante estos pocos días, desde la publicación, han aparecido innumerables artículos en la prensa mundial destacando la importancia de este asunto y el acierto del Papa en situarlo en la Tradición de la Iglesia (el ser humano como hijo de Dios en el centro de todo, lo demás como ayuda y complemento para su propia vida y la de todos) para ofrecer a todos los hombres de buena voluntad y a los que detentan el poder en el mundo un camino para respetar y cuidar lo que nos ha sido regalado y para compartir con los semejantes que viven con nosotros y  con los que nos sucederán en los próximos siglos. Una solidaridad entendida en varias líneas de actuación. Es cierto también que algunos comentaristas y políticos han mostrado su desacuerdo por el tratamiento del tema llegando incluso a cuestionar la capacidad científica de su autor. Me quedo con la valoración positiva de muchos científicos de diversos especialidades y saberes y de otros líderes sociales y políticos mundiales que sitúan al papa Francisco en la cumbre de la enseñanza moral marcando líneas, requiriendo responsabilidades y comprometiéndose con el futuro de todos.

Mi pretensión con estas líneas es animar a la lectura de la encíclica. Ninguna opinión podrá sustituir la riqueza de enfrentarse con el texto que ayudará a todos a un comportamiento más responsable y más sensible con todos los elementos de la casa que Dios ha regalado a la humanidad. Muchos ya lo habrán hecho utilizando las diversas páginas de Internet que la reproducen; otros esperarán adquirirla en las librerías apenas la pongan a la venta.

+ Salvador Giménez Valls

Obispo de Menorca

Mons. Salvador Giménez Valls
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Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.