“ENVÍA OBREROS A TU MIES”

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella          Ayer, sábado 20 de junio, conferí el orden del Diaconado a un seminarista, nacido en Calahorra y que se llama Gabino. En la misma ceremonia fueron instituidos lectores tres candidatos al Diaconado Permanente, Jesús, Valeriano y Alberto. Damos gracias a Dios porque sigue habiendo personas que responden a la llamada del Señor. Nuestra felicitación a los cuatro.

Pero teniendo en cuenta que el último sacerdote que ordené data ya del año 2009, no os extrañe que os manifieste mi deseo de que conmigo pidáis al Dueño de la mies que envié obreros a su mies. La mies es mucha, el trabajo pastoral es abundante y acuciante. La gente, el pueblo nos necesita, para que les ayudemos a buscar a Cristo, a encontrar a Cristo y a amar a Cristo, que esta y no otra es nuestra misión.

Dios sigue llamando, ya que el brazo de Dios no se ha visto acortado ni encogido, como hace tantos siglos recordaba el profeta Isaías. Somos nosotros los que necesitamos una mayor presencia de valores y virtudes cristianas en nuestras familias y una mayor generosidad a la hora de comprender lo que es y supone el ministerio sacerdotal. Un sacerdote bueno es un gran don para nuestros pueblos.

No podemos dejar de recordar lo que el Señor Jesús nos pide: “La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” .

El seguimiento de Jesucristo siempre ha sido, es y será algo que se inicia en la propia llamada del Señor, ya que Él mismo dijo aquello tan conocido de que “no me habéis elegido vosotros a mí, sino que soy yo el que os he elegido” . La iniciativa siempre parte de Dios, es un don de Dios. Un don que lleva aparejado no la gloria humana, el quedar bien, el ser persona afamada e influyente. Todo esto puede ser que haya servido de tentación o de señuelo a algún sacerdote o a alguna persona consagrada, y en algún momento concreto de sus vidas. Dios llama para algo bien definido y que sin la luz de Dios, la luz de la fe, no se puede entender. Dios envía a sus elegidos “para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca”.

Indudablemente esos frutos de los que habla Jesús son los frutos de las buenas obras. Un sacerdote ha sido llamado para hacer el bien, a imitación de ese buen Jesús que no sólo “pasó por la vida haciendo el bien”, sino “que todo lo hizo bien”. Los sacerdotes, y no sólo estoy pensando en los que gozan de una santidad reconocida con el honor de los altares, los que conocemos vosotros y yo, los que nos atienden en nuestros pueblos y en nuestras ciudades, intentan hacer el bien … y lo hacen.

Como obispo de esta entrañable Diócesis que peregrina en La Rioja, he dado muchas gracias a Dios por la bondad de los sacerdotes que colaboran conmigo en el pastoreo del pueblo de Dios riojano. Y también les he dado gracias a ellos por su constancia en el bien, por su entrega a los demás, por su piedad con Dios y por su amor a la Iglesia, que se acrecienta cada día. Han cogido muy bien el mensaje de Jesús de que no “hemos sido llamados para que nos sirvan, sino para servir”.

Muchas veces me habéis oído decir que las dos mayores preocupaciones que como pastor llevo en mi corazón y en mi cabeza son las que tienen que ver con la familia y con las vocaciones sacerdotales y para la vida consagrada. Permitidme que hoy haga especial hincapié en la necesidad de vocaciones para el sacerdocio ministerial diocesano y, por ello, os pida que no dejéis de rezar por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Y mostrad en vuestras conversaciones con jóvenes y adultos la belleza de esa vocación

¡Que la Virgen de Valvanera, Madre de la Iglesia, modelo de toda vocación, ayude a nuestros jóvenes a decir “sí” al Señor con la misma generosidad con que ella lo hizo.

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.