El miedo y la fe

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar    Queridos diocesanos:

Las lecturas de la Palabra de Dios de este Domingo nos hablan de dos aspectos muy importantes en la vida de todo cristiano: la fe y el miedo a lo que nos rodea. Los discípulos sabían que Jesús estaba con ellos en la barca pero, ante la tormenta y las olas que han ido arreciando, se apodera de ellos el pánico y la falta de confianza en el Señor; por eso, piensan que Jesús no se ha enterado de lo que está pasando y que van a morir. En esta situación llaman al Señor a gritos y se atreven a reprocharle: «¿no te importa que perezcamos?». Jesús tiene que echarles en cara su poca fe, su cobardía y su miedo ante la dificultad a pesar de saber que Él estaba con ellos.

En nuestra vida muchas veces el miedo nos paraliza y no nos decidimos a vivir la fe de una manera plena. Unas veces es miedo al propio Jesús porque pensamos, permitidme la expresión, que si le damos la mano se va a quedar con el brazo entero. Y es que la aceptación de Cristo nos exige conversión, cambio de vida; nosotros sentimos miedo a esa conversión que pide el auténtico seguimiento de Jesús y preferimos vivir «como siempre». Otras veces sentimos miedo de nosotros mismos: de nuestra debilidad, de nuestra poca constancia, de nuestras pequeñeces, de nuestros pecados, de no conseguir en nuestra vida lo que nos pide el Señor; el diablo juega con nosotros y nos recuerda, con demasiada frecuencia, que somos frágiles y débiles, que nuestra vida de pecado nos inclina a seguir otras huellas y no las de Jesús. De este modo, acobardados y paralizados, no nos decidimos a vivir la fe y desde la fe. Otras veces el miedo es a los demás: al qué dirán si nos tomamos en serio la fe y vivimos de acuerdo con sus exigencias; miedo a las críticas, a que nos condenen, a que nos consideren del grupo de los que viven «en otro mundo». También sentimos miedo al ambiente en el que vivimos y ante el que sólo vemos dificultades.

A los discípulos les paralizaron y les llenaron de miedo aquellas olas, aquella fuerte tormenta. Cristo, tras denunciar su poca fe, calma la tempestad y hace volver la paz al mar y a los corazones de sus discípulos. Éste es el secreto para quitar nuestros miedos: saber que, por encima de los mismos, está siempre el Señor que cuida de nosotros. Esto no quiere decir que no vayamos a tener dificultades y que no tengamos que luchar contra ellas pero con Él nunca quedaremos paralizados ni bloqueados.

Así razonaba San Pablo cuando pasaba momentos especiales de dificultad: «Ante esto ¿qué diremos? Si Dios está con nosotros ¿quién estará contra nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿Los peligros? ¿La espada? En todo esto salimos vencedores gracias a Aquél que nos amó» (Rom 8, 31-37) Éste debe ser también nuestro razonamiento: Dios está con nosotros y Él nos da siempre la fuerza que necesitamos para poder ser fieles a nuestra fe por encima de las dificultades.

Hoy necesitamos creyentes intrépidos, valientes testigos del Evangelio que vivan la fe y sean testigos de Cristo en todo momento por encima de las dificultades. Comprometámonos en la vivencia autentica de nuestra fe sabiendo que el Señor nos quita el miedo y nos acompaña siempre en todas las dificultades que tengamos, si bien nos pide que pongamos de nuestra parte lo que nos corresponda. ¡Feliz Domingo para todos!

Vuestro Obispo,

+Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.