Católicos y vida pública

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris               Ahora que ya han pasado las elecciones municipales y, a cierta distancia de las autonómicas y estatales, me parece oportuno recuperar algunas consideraciones hechas hace unos años sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública y política en las sociedades democráticas. En este punto la enseñanza de la Iglesia es bien precisa: «los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política; es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común» (Christifideles laici n. 42), que comprende la promoción y defensa de bienes tales como el orden público y la paz, la libertad y la igualdad, el respeto a la vida humana y el ambiente, la justicia, la solidaridad, etc.

La sociedad se encuentra hoy dentro de un complejo proceso cultural propio de un cambio de época con las lógicas incertidumbres. Pero esto no disminuye la legítima libertad de los ciudadanos católicos de elegir, entre las opiniones políticas compatibles con la fe y la ley moral natural, aquella que crean que se conforma mejor a las exigencias del bien común. No todas las concepciones sobre el bien del hombre son igualmente verdaderas ni tienen el mismo valor, y el cristiano, aun reconociendo la legítima pluralidad de opiniones, también está llamado a disentir de una concepción del pluralismo que relativice los aspectos morales. La vida democrática tiene necesidad de fundamentos verdaderos y sólidos, de principios éticos que, por su naturaleza y papel fundacional de la vida social, no son negociables como ahora, la centralidad de la persona. El referente de donde proviene el compromiso de los católicos en la política debe ser la doctrina moral y social cristiana, con la que los laicos católicos deben confrontar siempre. Una conciencia cristiana bien formada no permite favorecer con el voto un programa político que contenga propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral.

Esto no elimina la libertad de opinión de los católicos sobre cuestiones contingentes, pero todos los cristianos, y sobre todo los que están comprometidos en la vida política, deben asumir en conciencia un deber moral de coherencia. No pueden vivir dos vidas paralelas: por una parte, la denominada vida espiritual, con sus valores y exigencias; y por otra, la denominada vida ordinaria de familia, de trabajo, de relaciones sociales, de compromiso político y de la cultura. Este es un aspecto importante de la unidad de vida que caracteriza al cristiano: la coherencia entre fe y vida, entre Evangelio y cultura. En la vida, cada actividad, situación, esfuerzo concreto, constituye una ocasión providencial para un continuo ejercicio de la fe, de la esperanza y de la caridad.

La fe en Jesucristo nos exige el esfuerzo de participar en la construcción de una cultura que, iluminada por el Evangelio, sea capaz de acoger, justificar y proyectar las instancias que derivan de la fe y la moral para que los cambios que se demuestren necesarios se apoyen siempre sobre fundamentos sólidos.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.