¡Alégrese el cielo y goce la tierra!

Mons. José VilaplanaMons. José Vilaplana          Muy queridos hermanos y hermanas:

Con inmensa gratitud, acogemos la segunda encíclica del Papa Francisco que, con el título «Laudato si’» (Alabado seas), se ha hecho pública esta mañana de 18 de junio de 2015. Con ella, el Santo Padre invita a toda la Iglesia Universal a unirse al Cántico de las Criaturas del Santo de Asís de quien tomó su nombre y a afrontar “el desafío urgente de proteger nuestra casa común que incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral” (LS, 13).

Elevamos, también, nuestro canto de alabanza al Creador, precisamente desde esta tierra de Huelva que dotó de una rica biodiversidad. Desde las extensas dehesas de nuestra sierra a la fértil campiña; desde la luminosidad de la costa y sus dunas, a la riqueza mineral de la cuenca del Tinto y el Odiel, con sus excepcionales humedales; desde los agrestes montes andevaleños y el verde curso del Bajo Guadiana, hasta los impetuosos pinares y marismas de Doñana. ¡Cómo no agradecer a Dios la inmensidad de este don gratuito! ¡Cómo no unirnos a este canto de alabanza del Papa Francisco!

Aproximadamente, una tercera parte del territorio de la provincia está reconocido como espacio protegido, con ecosistemas de alto valor ecológico y prestigio mundial, como Doñana, las Marismas del Odiel, la Flecha de El Rompido o la Sierra de Aracena y los Picos de Aroche, entre otros parques, parajes, paisajes y monumentos naturales, reservas de todo un patrimonio natural en el que contemplar, con verdadero estremecimiento, tanta maravilla. Toda esa inmensurable belleza puesta en nuestras manos para que, al administrarla, percibamos -como recordaría en numerosas ocasiones Benedicto XVI- el ritmo y la lógica de la Creación.

Los hombres y mujeres que desde tiempo inmemorial han poblado estas tierras, convivieron, cuidaron y desarrollaron su rico y variado ecosistema. A ellos debemos también este legado y agradecimiento. Dios, que puso al hombre y a la mujer en la tierra para que la cultivaran y la custodiaran (Gn 2, 15ss.), hizo del ser humano el centro de la Creación. Y no sólo como administrador de estos bienes recibidos, sino que lo es, sobre todo, como criatura creada “a imagen y semejanza” de Dios. Por eso, es responsabilidad primera de todo ser humano cuidar y proteger la propia vida humana. En este sentido, el Papa nos recuerda -como lo hicieron sus predecesores- que la ecología humana está estrechamente ligada a la ecología medioambiental.

Vivimos sacudidos por una profunda crisis. Lo vemos en el medio ambiente, pero sobre todo en la persona que también está en peligro no sólo por una cuestión económica, sino por profundas razones éticas y antropológicas. Y nuestra tierra no escapa a este “drama humano”, como ha recordado con motivo del Día Nacional de la Caridad la Memoria de Cáritas Diocesana, mostrándonos el rostro concreto de la pobreza en nuestra provincia, pobreza que no es, como decimos, sólo por causas meramente económicas. Por eso, necesitamos acogernos unos a otros con responsabilidad y compromiso, en las necesidades y aspiraciones, en toda etapa de la vida y de forma integral, a fin de salvaguardar o reintegrar en todo ser humano aquella dignidad original.

En esa relación de mutuo servicio, sectores como la actividad agropecuaria, la pesca, la minería o el desarrollo industrial han posibilitado el sustento y avance de la familia humana en nuestra tierra. Las buenas prácticas y la inquietud medioambiental de nuestros hombres y mujeres han hecho posible que Huelva sea, hoy por hoy, la provincia andaluza con la superficie de agricultura ecológica más extensa. Junto a esto, las acciones de conservación como la reforestación o la protección de algunas especies en peligro de extinción son también ejemplos de ese reconocido esfuerzo por cuidar este patrimonio natural o reparar lo que, en ocasiones, la mano del hombre no protegió como era conveniente.

A causa de esta desatención medioambiental, en algunas ocasiones, o explotación irresponsable de los recursos naturales, en otras, también somos herederos de problemas medioambientales, algunos de ellos graves como la contaminación industrial de espacios de alto valor ecológico, la esquilmación de especies autóctonas en nuestra costa o los excesos de un desarrollo turístico y urbano poco atento al entorno natural. Todas estas causas ecológicas reclaman de nosotros una profunda reflexión moral y exigen repensar de forma radical nuestra cultura consumista.

Ha de abrirse un tiempo definitivo para el diálogo y el compromiso de todos y, de forma especial, de los agentes empresariales, políticos y sociales, a fin de llegar a soluciones capaces de equilibrar principios tan fundamentales como el derecho al trabajo, la justicia social y el respeto al bien común, con un desarrollo económico capaz de sostener una verdadera armonía ecológica. Esta búsqueda de una auténtica sostenibilidad hará posible legar a las generaciones futuras los dones que nos toca ahora administrar.

Por eso, hago una invitación a todos los onubenses en general, y a los cristianos en particular, a acoger y a hacer una lectura reflexiva de esta nueva encíclica del Papa Francisco, en cuyas palabras encontraremos, a buen seguro: inspiración para encontrar solución a los problemas que generaron en nuestra tierra desequilibrios ecológicos; motivos para seguir agradeciendo a Dios el inmenso regalo de la Creación; e impulso para seguir cultivando y cuidando la Creación total que es el ser humano y su entorno.

Con afecto os bendigo,

✠ José Vilaplana Blasco,

Obispo de Huelva

Mons. José Vilaplana Blasco
Acerca de Mons. José Vilaplana Blasco 34 Articles
Nació en Benimarfull, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia, el 5 de diciembre de 1944. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario metropolitano de Valencia, recibiendo la ordenación sacerdotal el 25 de mayo de 1972. Durante el curso 1980-1981 realizó estudios de Teología Espiritual en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Tras su ordenación sacerdotal desarrolló su ministerio, de 1972 a 1974, como coadjutor en la parroquia Cristo Rey de Gandía (Valencia). Desde ese año y hasta 1980 fue Rector del Seminario menor de Játiva y Responsable del Instituto de BUP de la misma población. Fue Vicario Episcopal de la zona de Alcoy-Onteniente y párroco de Penáguilla, Benifallim y Alcolecha entre 1981 y 1984. En 1984 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante). El 20 de noviembre de 1984 fue nombrado obispo auxiliar de Valencia y recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. El 23 de agosto de 1991 fue trasladado a la sede episcopal de Santander. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión Episcopal del Clero. Con fecha 17 de julio de 2006, fue nombrado por S.S. el Papa, Benedicto XVI, Obispo de Huelva, sede de la que toma posesión el día 23 de septiembre de 2006.