San Juan Bautista, profeta

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      Dentro de esta semana celebraremos la solemnidad de San Juan Bautista que se jugó la vida y la perdió por denunciar una situación injusta, ofreciéndonos así la Iglesia Madre ocasión para mirar «lo que está pasando» e intranquilizar nuestra conciencia por ver si nos acomodamos a las situaciones que se nos ofrecen como pretendidamente normales. Es por esto que deseo ofrecer con palabras del Papa Francisco un punto de denuncia profética de algo que es absolutamente inaceptable y a lo que no debemos acostumbrarnos nunca.

El grito del Papa es este: «¡No a la inequidad que genera violencia!» y lo razona en el punto 59 de la exhortación La alegría del Evangelio (Evangelii gaudium): «Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad —local, nacional o mundial— abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz. Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca. Si cada acción tiene consecuencias, un mal enquistado en las estructuras de una sociedad tiene siempre un potencial de disolución y de muerte. Es el mal cristalizado en estructuras sociales injustas, a partir del cual no puede esperarse un futuro mejor. Estamos lejos del llamado «fin de la historia», ya que las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente planteadas y realizadas».

A estas alturas de este mes de junio ya deberán estar constituidos los gobiernos municipales y autonómicos que llenarán de satisfacción a unos y frustarán a otros, y todas las tensiones políticas, que se agudizan en unas elecciones, deberán pasar a un muy segundo plano, si queremos tener la fiesta de la convivencia social en paz. La generosidad y el talante manchego de nuestra tierra han quedado más que demostrados por la gente y los dirigentes políticos deberán tomar lección de esto para alentar unos comportamientos que construyan la paz social. Los católicos sentimos la especial responsabilidad de aportar lo mejor de nosotros mismos para dar ejemplo y testimonio de fraternidad.

Por eso la denuncia del papa Francisco la debemos tomar como prioritaria, como objetivo a conseguir, aun a costa de perder algo de nuestro bienestar económico. «Inequidad» es un término que está registrado en el Diccionario panamericano si bien se puede leer que es la negación de la equidad y este sí, lo define el Diccionario de la Real Academia como «Propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley». ¿Tendrá razón el Papa cuando viene a decir que negamos en nuestra convivencia el valor fundamental y fundante de la equidad, de tender desde el fondo de nuestras conciencias a conceder a todos el derecho a ser iguales en dignidad, y a facilitar ahora y siempre la construcción personal de esa igualdad debida?

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Articles
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.