Porque apuntar a vuestros hijos a la clase de religión

Plasencia Rodriguez Magro AmadeoMons. Amadeo Rodríguez         Queridas familias, queridos padres: A vosotros padres, que sois los elegidos de Dios para recibir a los hijos cuando viene a este mundo, también se os encomienda que les acompañéis en el camino que han de recorrer a lo largo de sus vidas, y de un modo muy especial se os pide un cuidadoso esmero en los primeros pasos que dan en su infancia. Entonces, como sabéis por experiencia, dependen en todo de vosotros y vuestras opciones y decisiones son las suyas, siempre muy decisivas para el futuro de sus vidas.

Este entrañable y amoroso cuidado se lo dais en todos los aspectos de sus vidas, y por eso también en la educación y, en concreto, en la educación en la fe. En el crecimiento de su fe, vuestros hijos os necesitan. Es verdad que la fe es un don de Dios, pero sin vosotros lo que de Dios han recibido no tendría un desarrollo adecuado, sobre todo en sus primeros años. Sois vosotros los que os preocupáis de que la vida de fe de vuestros hijos crezca en armonía con las demás capacidades; porque vosotros sois los verdaderos artífices de la educación integral de cada uno de ellos. La responsabilidad primera está siempre en vuestras manos.

No obstante, es evidente que, por muy buena voluntad que tengáis, la educación cristiana no se la podéis dar vosotros solos; siempre necesitáis la ayuda de la parroquia y también del colegio: los tres ámbitos en los que transcurre la vida de los chicos han de intervenir en el crecimiento de su vida cristiana. Es imprescindible lo que vosotros hacéis, sobre todo el despertar religioso que provocáis en la convivencia familiar, sobre todo en la experiencia de fe que compartís con los hijos. Pero también necesitan la participación de la parroquia, de un modo especial para preparar y recibir los sacramentos de iniciación; pero sin que falte vuestro seguimiento puntual y ejemplar. Hay, como sabéis por experiencia, una relación profunda entre la familia, la iglesia en el hogar, y la comunidad cristiana en lo que se refiere al crecimiento en la fe y en la vida cristiana de los hijos.

Pero hoy quiero llamar la atención sobre vuestra relación con la escuela, por supuesto en todo lo que afecta a vuestros hijos, pero de un modo especial me interesa recordaros vuestra responsabilidad de apuntarles a la clase de religión. Como sabéis muy bien, esta no es una asignatura suelta, al margen de los demás saberes que adquieren vuestros hijos. La clase de religión y moral católica está en la escuela porque contribuye a darle armonía al crecimiento intelectual de los alumnos. La religión sitúa los otros saberes en la visión cristiana de la vida, esa a la que vosotros les habéis orientado al compartir con ellos vuestra fe en Jesucristo. En realidad la religión es obligatoria para la escuela pública porque es una opción vuestra, una opción que tenéis derecho a elegir porque queréis que la escuela, lo mismo que hace la parroquia, completen vuestra tarea como padres cristianos. La catequesis la completa de una manera, en su experiencia de fe y vida cristiana, y la clase de religión contribuye a un dialogo en los alumnos entre la fe y la cultura.

Es evidente que en los que vosotros hacéis, en lo que hace la parroquia y en la contribución de la escuela siempre pretendéis educar a vuestros hijos para que sean personas dignas que reflejen el mejor modelo posible del ser humano. Y vosotros como padres cristianos, sabéis muy bien, que la verdad y el misterio del hombre se desvela en toda su plenitud en Jesucristo. Por tanto, quien cuida la fe cristiana de sus hijos, en todos los ámbitos en los que ésta puede ser educada, pretende siempre ofrecerle lo mejor que tiene a su alcance.

Porque estoy convencido de lo que os acabo de decir, me vais a permitir que os anime de todo corazón a apuntar a vuestros hijos a la clase de religión. Tomad la iniciativa, id a los colegios y manifestad lo que queréis y, si os preguntan, dad la razón por la que lo queréis. Sé que no hay mala voluntad, pero a veces se da la circunstancia de que bastantes padres cristianos piden los sacramentos de iniciación para sus hijos (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) y, por inadvertencia y en ocasiones incluso por algo de desidia, no los apuntan a la clase de religión. Sabed que entonces se pierde algo importante para la educación de vuestros hijos: la cultura cristiana desde la que ellos y vosotros vivís vuestra fe queda al margen de los conocimientos y saberes de los niños y jóvenes y, por tanto, lo religioso no está integrado con las otras dimensiones del saber.

Convencido de que entendéis lo que os estoy pidiendo, os agradezco de corazón que acojáis la palabra y el consejo de vuestro obispo y que apuntéis a vuestros hijos a la clase de religión.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Plasencia

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.