“LAUDATO SI”

atilanoRodriguezMartinez Mons. Atilano Rodríguez         El papa Francisco acaba de regalarnos una preciosa encíclica. En ella muestra su admiración por la obra de Dios y nos invita a asumir nuestra responsabilidad en el cuidado de la misma. El título de la encíclica “Laudato si” (Alabado seas), tomado del Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís, es una invitación a volver la mirada y el corazón al Creador para descubrir su presencia amorosa en la creación y en las maravillas de la naturaleza.

A lo largo de las páginas de la encíclica, el Santo Padre, teniendo en cuenta las enseñanzas de la Sagrada Escritura y el testimonio de sus predecesores, nos traslada su preocupación por la falta de respeto a la naturaleza y por la excesiva explotación de la misma. Detrás de estas actuaciones, está el olvido del mandato de Dios al hombre y a la mujer en el momento de la creación y el desprecio de las reflexiones de los expertos sobre las consecuencias funestas, para el presente y el futuro de la humanidad, de un mal uso del planeta y de una explotación abusiva de la naturaleza.

El proyecto de Dios sobre el hombre y la creación, que se concreta en el cuidado y la custodia de la tierra, no es tenido en cuenta en nuestros días. Los intereses económicos de cada país prevalecen sobre el bien común de sus habitantes. Como consecuencia de este abuso egoísta de la naturaleza en provecho propio, el ser humano ha dejado de asumir su responsabilidad en el desarrollo de la creación y en la transformación de la misma para que sea un lugar habitable, un jardín para beneficio de todos los hombres.

En el trasfondo de estos comportamientos está el olvido por parte de bastantes hombres y mujeres, especialmente de quienes tienen responsabilidades en el gobierno de las naciones, del mandato de Dios de custodiar la naturaleza y de cuidar de las demás criaturas que habitan la faz de la tierra, pensando ingenuamente que este mandato no afecta a los tiempos actuales, a los hombres y mujeres de hoy. Sin embargo, la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, sigue recordándonos a todos que no somos simples beneficiarios de la creación, sino custodios de la misma y de todas las criaturas.

La indiferencia religiosa y el alejamiento de Dios tienen mucho que ver con el abuso de la naturaleza y con la utilización egoísta de la misma. El ser humano, cuando se aleja de Dios y de sus enseñanzas, pierde paulatinamente la capacidad de descubrir sus signos y su presencia en las personas y en la creación. Como nos decía el Papa emérito, si nos alejamos del Creador, ya no conseguimos “leer en la naturaleza el ritmo de la historia de amor de Dios con nosotros”.

Por lo tanto, para cuidar y custodiar el medio ambiente, necesitamos redescubrir el amor de Dios y acoger sus enseñanzas. Si lo hacemos, estaremos en condiciones de asumir nuestra responsabilidad en las relaciones con nuestros semejantes y con la naturaleza. Cuando escuchamos la voz de Dios, descubrimos que no sólo estamos llamados a cuidar la fragilidad de los hermanos, sino también la fragilidad del mundo creado para que cumpla el fin para el que fue creado. La escucha de la voz que Dios nos dirige desde la naturaleza y desde el sufrimiento de tantos hermanos, nos ayudará a superar los comportamientos de destrucción y de muerte a nuestro paso por este mundo.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.