El sacramento de la Unción de los Enfermos

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez      Dos son los sacramentos de salvación y sanación del alma: la Penitencia y la Unción de los Enfermos. Este sacramento tiene su fundamento en la Sagrada Escritura. Jesús tuvo una atención esmerada hacia los enfermos. Ya lo anunció en su programa en la sinagoga de Nazaret. El Señor lo envió a realizar una liberación integral de las personas, cuerpo y espíritu (Lc 4, 16-30). Es decir, el anuncio liberador iría siempre acompañado de palabras y de acciones. El libro de los Hechos de los Apóstoles comienza diciendo que Jesús “comenzó haciendo y enseñando” (Hch 1, 1). Por eso cuando envió a sus apóstoles a anunciar el Reino de Dios les dijo que les acompañarían signos extraordinarios. Ellos, siguiendo el mandato del Señor “ungían con óleo a muchos enfermos y los curaban” (Mc 6, 13).

El Apóstol Santiago define en qué consiste este sacramento e invita a practicarlo: “¿Está enfermo alguno entre vosotros? Mande llamar a los presbíteros de la Iglesia y oren sobre él y lo unjan con el óleo en el nombre del Señor; y la oración de la fe salvará al enfermo y el Señor lo aliviará y los pecados que hubiera cometido le serán perdonados” (St 5, 14-15). La Iglesia durante toda la historia lo ha practicado con mucho fruto espiritual y por medio de su enseñanza ha ido disponiendo su celebración. Como buena madre acompaña a sus fieles hijos en los momentos más trascendentales de la vida por medio de los sacramentos, desde el bautismo hasta el momento de la muerte.

La Unción de los Enfermos va unida a la Penitencia y a la Eucaristía. Normalmente se recibe primero la Penitencia, siempre que es posible, y al final la Eucaristía como Viático. Cumple varias finalidades. Ante todo produce la unión del enfermo o de quien está frágil por la vejez con la Pasión Salvadora de Cristo. Purifica del pecado y sus secuelas. Ayuda a afrontar el desgarro que produce el dolor y la muerte con una gran paz, consuelo, serenidad, ánimo y esperanza. También puede producirse el restablecimiento de la salud corporal, si esa es la voluntad de Dios. Es la mejor preparación para dar el paso de la vida terrena a la vida eterna en la Iglesia triunfante.

Los acontecimientos finales de la vida suelen venir acompañados de inestabilidad anímica, falta de fuerzas físicas, dudas, angustias y gran preocupación. Saberse amados de Dios y de Jesús, que ha previsto ofrecer su compañía amorosa y su gracia por el sacramento de la Unción, anima en el momento del duelo más trascendental de la existencia entre la vida y la muerte. Cristo mismo desde su cruz se convierte en referencia y ayuda. Dice el papa Francisco: “El consuelo más grande llega con el hecho de quien se hace presente en este Sacramento: es el mismo Jesús que nos toma de la mano, nos acaricia, como hacía con los enfermos, y nos recuerda que le pertenecemos a quien ni el mal ni la muerte podrá separarnos de Él” (26.02.14).

Los Padres de la Iglesia, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia han visto en este sacramento la consumación de la obra purificadora de Cristo comenzada por la Penitencia. Después de recibirlo no queda ningún rastro de pecado ya, todo queda perdonado y purificado. Esto es lo que expresa la fórmula litúrgica de la celebración. Pide la remisión plenaria de los pecados y la vuelta a la salud para el alma y para el cuerpo: “Por esta santa Unción y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad” (RU nº 143).

Se llama Unción de los Enfermos porque la fórmula ritual se pronuncia mientras se unge al enfermo con el óleo consagrado por el obispo en la Misa Crismal. El aceite, que significa energía y salud, recibe por esta consagración el poder del Espíritu Santo para que el signo sea eficaz y produzca la gracia sacramental propia de este sacramento.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).