Nuestros hermanos misioneros

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     La Delegación Diocesana de Misiones mantiene viva la llama de la responsabilidad misionera de nuestra iglesia con actividades y jornadas como esta. Con este motivo escribo a nuestros misioneros y creo que es bueno que lo que les digo a ellos lo conozcáis vosotros. Esta es parte de la carta: «Un año más, y cada uno con su impronta particular. Si siempre me gusta deciros que sois los miembros de nuestra iglesia que peregrina en Ciudad Real, que nos mantenéis vivos en la misión de anunciar el Evangelio, y que con vuestra vida entregada suplís nuestras deficiencias, este año creo que es de justicia considerar que completáis también nuestro «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6, 39) pues el mejor anuncio es este que como dice el Papa en la Bula Misericordiae vultus: «La misericordia, una vez más, se revela como dimensión fundamental de la misión de Jesús».

«Gracias de nuevo. Os recordamos junto a Santa Teresa que este año ha guiado nuestra Programación Diocesana que se ha querido centrar en la Oración a la sombra del Año Jubilar del 500 aniversario del nacimiento de la Santa. También es sugerente esta otra frase del Papa en la Bula: “Nuestra plegaria se extienda también a tantos Santos y Beatos que hicieron de la misericordia su misión de vida”. Vosotros sois, al decir de san Pablo, nuestros santos, testigos de la misericordia de Dios para tantos a los que vosotros entregáis la vida y que, seguramente, nosotros no llegaremos a conocer».

«En este mundo tan aislado, fragmentado, tantas vece individualista, qué bueno es sentirnos miembros unidos por el Espíritu Santo en su Iglesia como verdadero Cuerpo Místico de Cristo que es. Y sentirnos inmersos en el dinamismo del amor misericordioso de Dios para tanta gente, la mayor parte de las veces, desconocida. Nuestros misioneros vienen a ser como centros neuronales de ese cuerpo, si se me permite la comparación, que nos unen y que nos mueven, que nos hacen sentirnos vivos y muy hondamente satisfechos de permanecer en la Iglesia que comunica esa vida recibida de Dios tan gratuitamente, como generoso y gratuito es el trabajo apostólico de nuestros misioneros diocesanos».

Es un día este que debe provocar una sana envidia en nuestros hermanos más jóvenes. Preparando, como están ahora, el Encuentro Europeo de Jóvenes les vemos más capacitados que los mayores. No se les pone nada por delante que no sepan saltar: su facilidad para los idiomas, su capacidad para vivir con una mochila y un bocadillo, abiertos a todas las culturas y dispuestos a unir, en esta ocasión, una Europa amenazada siempre en su unidad por los vaivenes económicos. Tienen que ser, son sin duda, tierra buena que recoge la semilla del Sembrador, que siente la vocación, la llamada para entregar la vida en las fronteras de la misión y en las circunstancias más insospechadas para lo que es esta “comodidad” de nuestra sociedad europea, la del pretendido bienestar.

El Papa expresa mejor esta inquietud que debe latir en la Iglesia. Nos lo dice así al final de la Bula con la que ha proclamado el Año de la Misericordia: “La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona. La Esposa de Cristo hace suyo el comportamiento del Hijo de Dios que sale a encontrar a todos, sin excluir ninguno”. Testigos elocuentes del amor de Dios con un estilo y modo de ser que reflejan la sencillez, la humildad de quien es el Hijo de Dios e Hijo del Hombre: Cristo el Señor.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.