Fiesta del Corpus Christi, alegría y exigencia

antonio_canizaresMons. Antonio Cañizares           Pocas fiestas tan entrañables para el pueblo cristiano como la de Corpus Christi; pocas con tan profunda y arraigada tradición religiosa y popular en Valencia, y en todos los pueblos de España. No es para menos: Podríamos decir que el Corpus Christi es la fiesta de la alegría del cristiano, porque es la celebración del misterio perenne de Cristo y, por tanto, también de la redención de toda criatura que ansía y anhela la vida de los hijos de Dios. El Señor, al que adoramos en la Eucaristía y paseamos con júbilo por nuestras calles, es el mismo que vivió en la tierra, murió y resucitó y vive en la eternidad; todo cuanto sucede está en Él. Todo se ha hecho por Él, y sin Él nada se hace de cuanto existe; en Él está la Vida y de su plenitud todos hemos recibido; la gracia y la verdad nos llegan por Él.

Esta fiesta es una confesión pública de la fe. En los tiempos que corremos, cuando tantos cristianos ocultan u olvidan sus convicciones, o cuando corrientes muy poderosas la quieren reducir al ámbito de lo privado y apagar su incidencia en la vida de la sociedad, necesitamos de estas manifestaciones públicas de la fe, que, a su vez, expresan cómo la fe afecta a todo lo humano y posee una dimensión pública, como la misma persona tiene también una dimensión esencialmente social y pública. El salir a la calle en este día de Corpus mostrando, en el espacio público, a la mirada y contemplación de los hombres el misterio eucarístico de nuestra fe, a Jesucristo mismo en persona, todo entero, real y verdaderamente presente aquí en su cuerpo, alma y divinidad, nos recuerda también que la fe no se vive en la clandestinidad ni en el anonimato.

¿Cómo no ver o recordar en el testimonio público de fe que ofrecemos sin arrogancia alguna los cristianos, en este día del Corpus, aquel imperativo que señalaba el Papa San Juan Pablo II en la solemne ceremonia de la consagración de la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena, de Madrid en 1993: “Vivid vuestra fe con alegría, aportad a los hombres la salvación de Cristo, que debe penetrar en la familia, en la escuela, en la cultura y en la vida pública”?

La fe que confesamos en el espacio público en la fiesta del Corpus reaviva, pues, entre nosotros la conciencia de que, en la hora presente, “la Iglesia española, fiel a la riqueza espiritual que la ha caracterizado a través de la historia, ha de ser fermento del Evangelio para la animación y transformación de las realidades temporales, con el dinamismo de la esperanza y la fuerza del amor cristiano. En una sociedad pluralista como la nuestra se hace necesaria una mayor y más incisiva presencia católica en los diversos campos de la vida pública” (San Juan Pablo II).

Tengamos muy presente que la fiesta del Corpus Christi conmemora solemnemente lo que todos los días celebramos en la sencilla paz de nuestras iglesias: el Misterio del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Lo ordena a una más grandiosa y espectacular adoración, mayor que la que todos los días podemos tributar los cristianos al Pan vivo bajado del cielo. Dios se nos ha dado como promesa y posesión en una comida sencilla y ordinaria, el pan y el vino. Bajo estos signos de terrena cotidianeidad, Dios mismo se nos da como alimento. Pero esta misma cotidianeidad puede hacernos olvidar la infinitud y la grandeza de lo que celebramos, por lo cual necesitamos de un día especial que nos lo ponga de más manifiesto.

Nos hemos acostumbrado a ello y tal vez no tengamos la lucidez suficiente ni la perspicacia necesaria para percatarnos de que lo que celebramos en este día es, nada menos, que la presencia real en el sentido más pleno del Cuerpo y Sangre de Cristo en la Eucaristía, es decir, la presencia sustancial por la que Cristo, total y completo, Dios y hombre, está presente. Es el mismo que se encarnó, vivió en el seno virginal de su Madre y nació de Ella, pasó haciendo el bien, fue crucificado, muerto y sepultado, y ahora, resucitado y victorioso, vive para siempre junto al Padre, intercediendo por nosotros, y llevando a cabo su obra salvadora por la Iglesia, su Cuerpo histórico, en la que obra, actúa y mora. Con ello afirmamos que Cristo, con todo lo que Él es, está realmente en el centro de la Iglesia, de la historia, del mundo. Cristo no es un personaje simplemente recordado ni tampoco cercano sólo mediante una imagen o un signo; está con nosotros y cumple su obra redentora que se perenniza en el sacrificio eucarístico.

Quien está realmente presente en la Eucaristía está ahí entregándose por nosotros, obrando su salvación, entregando su vida y amándonos hasta el extremo, en un desvivirse por nosotros para que tengamos vida eterna, abundante, plena. Resulta por ello una contradicción unirse a Jesucristo tal como está en la Eucaristía y, al mismo tiempo, reservarse a sí mismo de manera egoísta, es decir sin desvivirse también por los demás. Celebrar esta fiesta del Corpus exige tener la mirada atenta a los sufrimientos y necesidades de nuestros hermanos, los hombres de hoy. Nuestra adoración a Jesucristo, presente en el Pan sagrado, ha de dirigirse inseparablemente a su entrega. La confesión de fe en su presencia eucarística no se puede aislar de nuestro reconocimiento de Él en los pobres y sufridos, en los que no cuentan, con los que Él se identifica. Sin adoración a Dios, al misterio de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, en la Eucaristía no se puede comprender toda la profundidad de la entrega del Dios Santo a los hombres. Y sólo implicados en este movimiento de la entrega a Dios podremos descubrir al pobre, acercarnos a él, y establecer con él una verdadera y sólida comunión.

Que, por la participación en los sagrados misterios del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, Dios nos lo conceda.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014