Solemnidad del Corpus Christi

Mons. Alfonso Carrasco     Este primero domingo del mes de junio la Iglesia nos convoca a celebrar la gran solemnidad del Corpus Christi, a contemplar y anunciar en las iglesias, y también en las calles y las plazas, la Caridad de Jesús nuestro Señor, que Él introdujo en la historia para siempre jamás. En la Caridad, que es la substancia de su alma y de su corazón, quiso quedar con nosotros, abrazar y salvar cada uno de sus hermanos.

En este día de fiesta recobra vigor nuestra esperanza y brota el agradecimiento a este Amor divino en quien nuestra vida se confía sin temor. Celebramos con alegría que Jesús entrega realmente su Cuerpo y su Sangre por nosotros y por todos, y su Espirito nos lleva a amar los hermanos como Él el hizo.

Por eso resuena hoy con especial claridad la pregunta que nos formula frecuentemente el Papa Francisco y que es el lema de esta Jornada de la Caridad: que haces con tu hermano? Porque, en efecto, la indiferencia, a la que nos dejamos ir con facilidad, es exactamente el contrario de la caridad. De hecho, en nuestro mundo, cada vez más ajeno a la ley del amor al prójimo e incluso a la propia responsabilidad por la justicia, corremos el riesgo de una «globalización de la indiferencia», para la cual lo único razonable es prestar atención sólo a lo propio, y la única ley a fuerza y la propia comodidad.

Este día del Corpus nos llama, en primero lugar, a vencer en el fondo de nuestra alma la «indiferencia religiosa», que es como la raíz amarga del desamor a Dios, a la vida y a los hermanos, y a experimentar en cambio la fraternidad que nace del seguimiento de Cristo, de la comunión que nos ofrece a pesar de ser nosotros pecadores.

Al servicio de este común camino de caridad, los obispos de España aprobamos el pasado día 24 de abril la instrucción pastoral «Iglesia, servidora de los pobres». El lugar preferente dado en ella a los más pobres debe ser visto como signo del realismo de la caridad verdadera. Al mismo tiempo se nos invita la todos a procurar que la acción caritativa no sea sólo preventiva, curativa y propositiva (n.° 42), sino también profética, combatiendo las causas estructurales de la pobreza.

En este sentido nos hablaba ya con claridad nuestro Papa Francisco: «La simple acogida no basta. No basta dar un sandwich, si no se acompaña de la oportunidad de aprender a caminar sobre sus propios pies. La caridad que deja a los pobres tal y como están no es suficiente. La misericordia verdadera, aquella que Dios nos da y nos enseña, pide justicia, pide que el pobre encuentre su camino para dejar de serlo».

La celebración del Corpus, y, por lo tanto, la acogida de la Caridad como ley y esperanza de la vida, nos recuerda ciertamente la necesidad del cuidado cercano e inmediato de quien lo necesita. Pero nos pide también saber rechazar una economía que niegue la ética y el bien común, que absolutice la lógica mercantil y se deshumanice; nos pide ser capaces de superar la idolatría del dinero, que conduce de muchos modos a la corrupción, y de poner en el centro de la vida social la primacía de la persona humana, sus bienes y derechos fundamentáis.

Los más débiles mantendrán vivas las exigencias de la justicia y la urgencia de la caridad, preguntándonos con su presencia ¿qué haces con tu hermano? ¿con el parado, el extranjero y el sin papeles, el enfermo o el anciano, pero también con el niño indefenso, que aún ha de nacer?

No podemos hacer oídos sordos a las urgencias de los demás, como si nosotros fuésemos ricos y no necesitásemos de nadie. Delante de Dios todos somos pobres. De Él nos viene la vida, que nadie se da a sí mismo y que todos tendremos que presentar ante Él, con las obras realizadas. En su Amor tenemos puesta nuestra confianza, para alegrarnos con sus dones, con el sol de cada día y las personas que nos acompañan, y sobre todo con su misericordia generosa, que consuela nuestro corazón. Recordemos que, por eso, el Señor dispersa los soberbios de corazón, pero enaltece los humildes(Lc 1,51-52).

Manifiestemos nuestra humildad poniéndonos al seguimento de Jesús, presente en el Sacramento, para que renueve nuestros corazones, convirtiéndolos una vez más a la Caridad. Pidámosle que nos guarde siempre agradecidos a su Amor, y que nos dé la gracia de saber apreciar y amar a nuestros familiares y amigos, de crecer en inteligencia de lo que es debido y en sensibilidad ante las necesidades del hermano, de colaborar en la construcción de una sociedad en paz, en la que se vive y se ama la justicia.

El amor del Señor, como en la procesión de este día, nos precede siempre. Que esta sea nuestra esperanza y nuestra fuerza; para que podamos experimentar la alegría propia de quien ama no de palabra y de boca, sino de verdad y con obras (cf. 1Jn 3,18).

+ Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo

Mons. Alfonso Carrasco Rouco
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Nació el 12 de octubre de 1956 en Vilalba (Lugo). Cursó la enseñanza secundaria en el Seminario de Mondoñedo y los estudios de Filosofía en la Pontificia Universidad de Salamanca (1973-1975). Después estudió Teología en Friburgo (Suiza), donde obtuvo la Licenciatura en 1980. Fue ordenado sacerdote el 8 de abril de 1985 en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. De 1980 a 1981 realiza labores de investigación en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich. De 1982-1987: Profesor asistente de la Cátedra de Moral Fundamental de la Universidad de Friburgo. Becario del “Fondo nacional suizo para la investigación” de la Universidad de Munich (1987-1988). En 1989 se doctora en Teología en la Universidad de Friburgo, con la tesis titulada: “Le primat de l’évêque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et cononique du primat de juridiction”. Entre los años 1989-1991 forma parte del equipo parroquial de Santa María de Cervo, encargado de seis parroquias, en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ejerce también como docente de la “Escuela Diocesana de Teología” . En 1992 se desplaza a Madrid como profesor agregado de Teología Sistemática del “Instituto Teológico San Dámaso”, convirtiéndose en catedrático en 1996. Este mismo año es nombrado consiliario del Centro de Madrid de la AcdP (Asociación Católica de Propagandistas). Desde 1994 a 2000 ejerce como director del “Instituto de Ciencias Religiosas” del Centro de estudios teológicos “San Dámaso” y vice-decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid desde 1998 a 2000. Decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid, desde 2000 a 2003. Durante los años 2001-2006 colabora regularmente en las Teleconferencias de la Congregación para el Clero para la formación permanente del clero (www.clerus.org). En 2004 actúa como relator de la Cuarta Ponencia (“Cómo vivir la comunión en la Iglesia”), y miembro nato de la Asamblea y de la Comisión central del Tercer Sínodo Diocesano de Madrid, clausurado el día 14 de mayo de 2005. Es miembro, además, de la Comisión Teológica Asesora de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española desde 1995; Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Española de Teología y del Consejo Asesor de Scripta Theologica, Communio Nuntium (edición en español) (1992-2005). Fue también, hasta su ordenación episcopal, profesor de Teología dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (desde 1996) y director del Departamento de Dogmática de la misma Facultad en 2006. Durante su estancia en Madrid colaboró pastoralmente en la Parroquia de “San Jorge, mártir de Córdoba”.