CORPUS, DÍA DE LA CARIDAD

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol         La fiesta de Corpus Christi, con tan antiguas raíces históricas entre nosotros, tiene una doble significación que se complementan: la exaltación de la Eucaristía y la caridad fraterna. Ambas fueron unidas por Jesucristo el mismo día, el Jueves Santo, en el Cenáculo, cuando instituyó el gran sacramento y lavó los pies de sus discípulos dejándoles en herencia el mandato del amor.

La Iglesia ha conservado el doble carácter de esta fiesta, consciente de que la celebración de la Eucaristía si no nos llevara a amar al prójimo como Dios le ama, sería falsa. Y sabedora también de que la actividad caritativa de la Iglesia si no se basara en el misterio del amor divino, se diluiría en una obra asistencial más, una variante de ONG sin más mensaje para el mundo.

El pasado sábado 30 de mayo recordamos esta unión del amor a Dios y el amor a los demás en la celebración del 50 aniversario de Cáritas Diocesana de Tarragona, cuando tuve ocasión de celebrar la Eucaristía en la Catedral acompañado de los sacerdotes que han sido delegados episcopales de esta institución que trabaja, como tantas otras, a favor de las personas más necesitadas.

Animo a cuantos trabajan en este campo de la asistencia, recordando unas palabras del papa Benedicto XVI: «Cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por no limitarse a realizar con destreza lo más conveniente en cada momento, sino por su dedicación al otro con una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad».  Cada uno de nosotros ha de ser «un corazón que ve», que no pasa distraído ante las necesidades ajenas, sino que se detiene, como el Buen Samaritano a tratar de ponerles remedio.

El cristiano actúa así sin hacer acepción de personas, ideologías o religiones. Todos quienes llaman a nuestra puerta merecen ser atendidos. Y también quienes no tienen fuerzas ni para acudir y debemos ser nosotros quienes les salgamos al encuentro.

En la tradicional procesión eucarística del Corpus Christi, llevamos al Señor por las calles ciudadanas. Pero, aunque de otro modo, también llevamos su presencia cuando nos detenemos para atender a los pobres, o cuando acudimos a algún lugar a «perder el tiempo» ayudando como voluntarios en labores asistenciales.  El rostro de Cristo se ve en el hermano del mismo modo que en Cristo conocimos por revelación que Dios es un padre amoroso que vela por todos nosotros.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.