Amar a Dios sobre todas las cosas

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora       ¡Mentiroso! Se atreve a decirnos la Palabra de Dios en la primera carta del apóstol san Juan: «Si alguno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano» (4, 20-21).

Ciertamente la Solemnidad del Corpus, que celebramos en este domingo, es ocasión de expresar nuestro amor a Jesucristo presente en el Sacramento acompañándole en la Procesión si nos es posible. Con corazón agradecido a Dios Padre, que nos ha dado la cercana presencia de su Hijo en la visible Eucaristía, adoramos la Santísima Trinidad, pues el Espíritu Santo en nosotros nos da el conocimiento de la fe, la fuerza del amor y mantiene viva nuestra esperanza de poseer plenamente lo que aquí no alcanzan los sentidos. ¡Dios está aquí!

Esta maravilla es aún mayor cuando caemos en la cuenta de lo que nos ha dicho San Juan en la carta que he citado: «quien ama a Dios, ame también a su hermano», frase a la que se le puede dar la vuelta: «quien ama a su hermano está, de alguna manera, amando a Dios». Lo dijo el Señor: «tuve hambre y me distéis de comer». No ocultamos la importancia de la Solemnidad del Cuerpo entregado del Señor, el Corpus, cuando hacemos la colecta y llamamos a la jornada «Día de la Caridad». Caridad significa amor, amor a Dios y a los hermanos. Ciertamente nos puede salir una caricatura mentirosa si toda nuestra capacidad de amar se expresa con unas monedas sueltas…

En este Corpus los miembros de la Iglesia andamos inquietos con Nepal y la campaña de, por desgracia, muy larga duración, que hemos emprendido con esa primera ayuda, pero que ha de contar con muchos recursos económicos y de personas que planifiquen lo que se puede hacer mañana, y pasado mañana, cuando, poco a poco, desaparezca de los telediarios el terremoto como noticia. Cáritas, invisible por cierto para los medios de comunicación, seguirá allí.

¡Qué maravilla hacernos cargo de la misericordia de Dios! Ejercer la capacidad de amar con la que Dios me ha dotado cuando le he pedido perdón por mis pecados y me he sentido nuevo, con la nueva vitalidad que tiene la fuerza de su amor. Sentir muy dentro que me lleva a ofrecerme como voluntario, a echar una mano, a dejar parte de los ahorros, sencillamente a ser misericordia, corazón de Dios en las necesidades de los hermanos, abriendo caminos de futuro y nuevas oportunidades de vivir en casas que no se caigan, en lugares habitables, en países que sean considerados tan dignos como los nuestros.

Sí, ciertamente, «Cantemos al Amor de los amores, cantemos al Señor, Dios está aquí». Por eso sigue la letra de nuestro himno eucarístico español con un reclamo misionero de invitación a sentir muy dentro la alegría de este encuentro con Jesucristo y con los hermanos: «Venid adoradores adoremos a Cristo Redentor». Invitemos a otros a sentirse igualmente amados y perdonados de los egoísmos que nos atan, para así poder amar con las entrañas mismas del corazón amoroso, misericordioso de quien nos da la libertad verdadera, la libertad, que lo es, porque me capacita para amar, que abre horizontes insospechados donde actúan las pequeñas fuerzas con las que contamos y somos. Expresamos nuestro amor a la Eucaristía. ¡Alegre y Feliz día del Corpus!

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.