LA FAMILIA, ESCUELA DE PAZ

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella         Cuántas veces, a lo largo de la historia del hombre, se ha definido a la familia como escuela de humanidad, escuela de virtudes, escuela de valores y de sentimientos nobles. Hoy propongo que miremos a la familia como escuela de ese don maravilloso de Dios que es la paz. Todos hemos de aprender en familia a vivir la paz. Jesús que dijo “la paz os dejo, mi paz os doy”, vivió auténtica vida de familia con María y José. Es mi deseo que logremos crear en nuestros hogares un ambiente familiar sin coacciones, amenazas, malas caras y malos modos.

Ya en 1982 el Papa san Juan Pablo II, en su primera viaje a España, en 1982, definió a la familia, en la plaza de Lima de Madrid, como “la única comunidad – comunión, común unión – de cariño y de vida en la que cada uno es querido por sí mismo”. No valen los criterios de la utilidad y del placer, entendidos en su vertiente más egoísta. Desde el amor se valora como objeto principal de atención al esposo, a la esposa, a los hijos, a los padres, a los abuelos y también a los niños concebidos y no nacidos. Y todo porque el amor en la familia lleva a la vida, y la vida – fruto del amor generoso – siempre surge donde hay cariño.

Si cada uno en la familia es querido por lo que es, y no por lo que vale en términos meramente utilitarios, será objeto del respeto más escrupuloso. Los padres con los hijos, y en connivencia, los hijos con los padres, mantendrán una comunicación fluida y abierta; permitirán unos y otros que cada uno exprese su opinión abiertamente y asegurando que todos escuchen en lugar de limitarse a juzgar. ¡Qué importante es hablar en familia! Hablar y dejar hablar es una virtud humana que, revestida de la caridad de Cristo, hace que las relaciones familiares sean transparentes, nítidas, sin tapujos ni engaños. Aunque no sea más para salvaguardar lo que santa Teresa de Ávila llamaba con gracejo y cordura “el tener siempre a mano un desaguadero”, es preciso hablar y escuchar, desahogarse. Venía a decir santa Teresa que si no tenemos la oportunidad de echar fuera lo que nos recome por dentro, esa preocupación, esa duda, se nos pudrirá y, echada fuera, salpicará de recelo o de rencor a todos los que nos rodean. Es el ejemplo que siempre se nos ha puesto de sinceridad. Cuando los hijos son abiertos y sinceros con sus padres, el matrimonio entre sí, y los padres con los hijos, es como el río que fluye, que no se estanca. Por el contrario, cuando las aguas no corren, se corrompen poco a poco y se llenan de bichos y sólo producen náusea y repulsa. Eso mismo sucede cuando no hay trasparencia y sencillez en el trato familiar.

Así pues, la primera condición para crear un ambiente familiar pacífico, grato, atractivo y gratificante es hablar, escuchar, compartir. La segunda, sería “hacer las paces siempre que sea preciso”. Me viene a la memoria lo sucedido el día 11 pasado, cuando el Papa mantuvo un encuentro, simpático y entrañable, con más 7.000 niños en la sala Nervi del Vaticano. El Papa dejó a un lado el discurso que tenía preparado y prefirió responder a las preguntas de la chavalería. Y así, preguntó en un momento dado: “Que levante la mano el que no se haya peleado con un familiar alguna vez”. Y les confesó: “Yo también me caliento alguna vez un poco: esto es humano. Lo importante es hacer las paces y que no termine el día sin haberlo hecho”.

Y ya que estamos meditando sobre la familia, escuela de paz, un niño preguntó al Papa: “¿Me explicas qué es la paz?”. Respondió Francisco: “La paz es ante todo que no haya guerras, pero que también exista la alegría y la amistad entre todos y se dé un paso adelante para que no haya niños que pasen hambre, enfermos que no puedan curarse por falta de medios”.

Pido, una vez más, a la Virgen, reina de la paz, que en el seno de nuestras familias riojanas todos aprendamos la maravillosa lección de la paz y la hagamos llegar a otros, especialmente a los que viven a nuestro lado.

Con mi afecto y bendición,

+Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
Acerca de Card. Juan Jose Omella 390 Articles
Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.