Sobre Dios Trinidad

agusti_cortesMons. Agustí Cortés        Es asombroso que sobre la cuestión de Dios todos se crean con derecho a pontificar. Esto no tendría mayor importancia si la cuestión de Dios no fuera absolutamente decisiva para nuestra vida.

Que Dios exista o no, y que sea uno u otro Dios en el que se crea, cambia radicalmente todo: el mundo, la ciencia, la economía, la convivencia, el trabajo, la política, los afectos, la cultura, etc. Decimos “radicalmente” en el sentido más propio de la palabra, o sea, “desde la raíz”. Porque la cuestión sobre Dios es como las raíces, que no se ven, pero determinan esencialmente la vida del árbol y su manera de ser.

No es lo mismo creer que no creer en Dios. Y la diferencia no está en las supuestas “obligaciones” que tendría que asumir un creyente, sino en la manera de entender y vivir toda la existencia, incluida, por supuesto, la vida moral. No hace falta insistir en el mensaje que desde el Concilio Vaticano II se ha venido repitiendo insistentemente: “la pérdida del sentido de Dios es la pérdida del sentido del hombre”.

Hoy hemos de precisar más. No dará lo mismo, para la persona o el mundo, cualquier idea de Dios. Ideas de Dios hay y ha habido muchas y diferentes. A pesar de los esfuerzos que realizamos al practicar el diálogo interreligioso, difícilmente podemos evitar los contrastes y las contradicciones. Y, sobre todo, será poco honrado guardar silencio sobre las consecuencias en la vida, que tiene una u otra idea sobre Dios. Por otra parte, la buena intención de cultivar una “espiritualidad difusa” e indeterminada, para que todos queden contentos, puede ser al comienzo bien acogida, pero está en definitiva abocada al fracaso, porque nadie puede edificar algo consistente en el vacío.

Creer y vivir la Trinidad, el Dios revelado en Jesucristo, es algo absolutamente decisivo para la vida personal y social. Son muchos los que han reflexionado sobre las consecuencias vitales, incluida la política, que tiene la fe en la Trinidad. Recientemente recordaba un diálogo, que mantuvo hace un tiempo el arzobispo Angelo Scola con un auditorio numeroso y cualificado en torno al tema “Cómo nace y vive una comunidad cristiana”. Uno de sus mensajes era que, para satisfacer la necesidad vital que todos tenemos de amar y ser amados, hemos de buscar y mantener establemente la relación con “el tú (alguien, una persona) despertador y estimulante” (en italiano “il tu destante”). Esta relación venía a concretarse en un servicio gratuito a personas concretas. Pero el origen de esta relación de amor estaba en el encuentro con Jesucristo, que a su vez posibilitaba, comunicándonoslo, el amor de la Trinidad. No es el momento de entrar de detalles del razonamiento teológico. Basta con reafirmar la verdad de estas palabras.

El Dios que nos ha revelado Jesucristo nos abre a la experiencia más profunda de amor.

– Ningún ser humano, aun el más solitario y huraño, podrá borrar la necesidad de relación con otra persona: es la huella de la Trinidad en él.

– El más egoísta y orgulloso no podrá negar que tiene necesidad de amar y ser amado: fue el Dios amor trinitario quien le creó.

– Quien, encontrándose con Jesucristo, descubre la realidad del Dios cristiano, tiene, gracias a Él, la posibilidad de salvación por el amor.

Quien se dice cristiano y ni siquiera intenta amar así, no lo es en realidad: como diría la 1ª Carta de San Juan, “no conoce a Dios”. Nosotros que creemos, intentamos amar. ¡Ojalá lo entiendan nuestros hermanos ateos y agnósticos!

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.