EL MISTERIO DE DIOS

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol      En el día que celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, el hombre moderno podría preguntarse: ¿esperar que hoy se crea en este misterio no es una pretensión excesiva? Pero planteado así, la pretensión excesiva sería pensar que hasta ahora todos han sido unos crédulos y al fin llegamos nosotros que aplicamos la racionalidad y la crítica.

Desde los comienzos mismos de la Iglesia no ha sido fácil aceptar este misterio. Ha necesitado de mucha reflexión y de los primeros concilios ecuménicos, que abordaron esta cuestión, hasta llegar a la fórmula del Símbolo niceno-constantinopolitano, en el siglo IV: «Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro, el cual fue concebido por obra del Espíritu Santo, nació de María Virgen…».

Esta es la fe de la Iglesia, de raíces claramente cristológicas, ya que fue Jesucristo quien nos habló de Dios como su Padre y del Espíritu Santo que sería enviado. Y así lo entendió Pedro cuando confesó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».

Si Dios no fuese en sí un misterio no hubiéramos tenido necesidad de la autorrevelación en el Hijo. Es Jesucristo quien nos revela que Dios es un Padre que nos ama y que confirma su enseñanza sublime con numerosos milagros y con su propia resurrección, sin la cual, en palabras de san Pablo, «vana sería nuestra fe».

Volviendo a la dificultad inicial que puede plantear el hombre moderno, algunas personas, con buena intención pero con falta de doctrina, podrían pensar que no conviene hablar hoy de la Santísima Trinidad, para así hacer la fe más aceptable. Con ironía ya escribió Frossard: «El gran descubrimiento del apostolado moderno es que, ahora, todo es mucho más fácil de creer, cuando no hay nada que creer».

Esta actitud chocaría con la sagrada obligación de mantener las verdades de la fe sin recortarlas según las modas de cada época. No son enseñanzas que procedan de Platón, de Hegel o de Darwin, sino de Jesucristo, ya que sólo él nos ha enseñado algo del pensamiento divino y de la esencia más verdadera de Dios.

La racionalidad, lejos de llevarnos a rechazar las enseñanzas de Cristo, nos lleva a aceptarlas, con la actitud humilde, eso sí, de quien se sabe a sí mismo un ser creado, no el orgulloso intelectual que merece ser el juez de la historia.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.