La verdadera vida en el Espíritu, apetitosa para cualquiera

ZornozaBoyRafaelMons. Rafael Zornoza       Ayer Domingo celebrábamos en la Santa Iglesia Catedral la Solemnidad de Pentecostés. La gozosa Pascua que hemos celebrado las últimas semanas concluye triunfalmente con la Solemnidad de Pentecostés.Jesús ha vencido la muerte y ha resucitado para que recibamos el don del Espíritu Santo que nos adentra en la comunión de la Trinidad de Dios. El Espíritu Santo, Dios Espíritu invisible, se hace presente como realidad interior pero al mismo tiempo eficaz, patente e inmensa. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta en el relato de Pentecostés unos signos, llenos todos de su fuerza transformadora, que nos invitan a participar de su fuerza si es que vivimos la vida de la Iglesia y el impulso de los hijos de Dios.

Debemos pedir necesariamente al Señor, desde ahora, que nos llene también a nosotros del viento de Pentecostés, del “soplo” de su Espíritu, para respirar siempre entre nosotros con el aire nuevo de la fe intensamente vivida, la que oxigena y purifica la vida del hombre y le salva de la asfixia del pecado y del mal, el viento recio que mueve la pereza que impide evangelizar.

El fuego que se hace presente en el Cenáculo nos recuerda que Dios es Amor y que el Espíritu Santo es fuego de amor ardiente que transforma y que enciende cuanto toca. Quisiéramos que su llama, que se posa permanentemente sobre la Iglesia, nos haga santos, fervorosos, capaces de transmitir a todos el profundo afecto de Dios, y hacer visible su caridad con la nuestra, cada vez que nos acercamos a los afligidos, a los desesperanzados, a los abrumados por el desempleo, por el hambre, la emigración, las rupturas familiares, y por el sinsentido de la vida, por la falta de esperanza.

Con el símbolo de las lenguas que se posan sobre los apóstoles el Espíritu suelta las lenguas de los apóstoles y da a la Iglesia entera la capacidad de hablar, de expresarse, de dialogar. El lenguaje de Dios expresa ciertamente realidades sobrenaturales, íntimas de Dios, pero que “cada cual escuchaba en su propia lengua”, que cualquiera podía comprender al ser predicado, porque todos estamos llamados a reconocer a Dios y alabarle en nuestra vida, y el Espíritu se anticipa a nosotros para abrir los corazones a la Palabra predicada. “El os llevará al conocimiento de la verdad”, nos prometió el Señor.

La venida del Espíritu Santo es por tanto la respuesta de Dios a nuestro mundo en crisis. El cristianismo verdaderamente vivido sería al mismo tiempo el verdadero humanismo que todo hombre comprende como tal y que puede reconocer porque los ricos frutos del Espíritu son apetitosos para cualquiera.

Una vez más, Dios nos concede lo que el mundo necesita: el valor de la verdad. Un mundo sin verdad, como el nuestro, se sitúa en la mentira, o lo que es igual, hace de su gusto el fin de su vida, esto es, se somete a la tiraría de sus intereses y se hace incapaz de amar bien. Cuando se hace cómodo, vive sólo para si, se vuelve indolente, aletargado y acomodado, sin esfuerzo ni pasión, ya no crece, no se multiplica, no va más allá, se cierra en si mismo, prescinde de los problemas y angustias de los demás.

También nosotros, los cristianos que vivimos en el mundo y nos afecta la cultura envolvente, aún aceptando la verdad de la fe dogmática, podemos contagiarnos de esa atmósfera y hacernos relativistas, si todo nos importa poco, cuando renunciamos a la práctica de la conversión, y a la penitencia, porque nos da igual vivir sin tensión de santidad, o no valoramos la comunión eclesial, o prescindimos incluso de evangelizar. Entonces, tampoco nosotros crecemos, sino que nos aburguesamos y dejamos de transmitir el gozo de creer.

La verdad de Cristo conocida en plenitud nos ha de llevar a la libertad auténtica de los hijos de Dios, que se vive en el don, y no el espejismo de esa falsa libertad que promueve el indeferentismo y que elimina las responsabilidades, aunque quiera después ampararse en nuevos derechos. Sin la plenitud de la verdad de Dios que nos sitúa como criaturas amantes del Creador, como Hijos redimidos y agraciados por la Palabra de Cristo, como templos del Espíritu Santo, que es fuego celoso y devorador, perdemos la certeza de ser amados y la fuerza para transmitir la fe.

Dios nos llama especialmente hoy a mostrar el amor que da la vida, la verdad de Dios. Y nosotros no podemos desertar: Dios lo quiere y nos lo pide, y el mundo lo necesita. La pugna ideológica del mundo ya no está hoy en la economía, sino en la moral: en la familia, la vida, la ingeniería genética, el papel de la religión, las inmigraciones. Una fe bien vivida y formada debe ofrecer un argumento convincente que lleve a pensar en Dios. La coherencia de vida se hace hoy imprescindible.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
Acerca de Mons. Rafael Zornoza 290 Articles
RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.